La magia del abstencionismo político o la política de la antipolítica

por J. O. Guevara


La tan cacareada antipolítica, siendo por siempre vilipendiada, como siempre nuestro omnipotente canal Globovisión nos lo recuerda, al igual que nuestros “bobolucionarios” dirigentes rojos-rojitos cuando nos mencionan que la abstención es un peligro de la revolución, Se nota que hay algunos temores de estos sectores en considerar otras alternativas políticas y de pensamiento; Que, según todo se reduce al blanco y al negro. Pues pareciera que ninguno de los dos principales actores de la política venezolana se dan cuenta que no es ni el negro, ni el blanco, sino una multitud de matices, que ahora están coyunturalmente unidos en varios bloques.

Menester es recordar que hay comunistas radicales (y extremistas, que eso sí es malo) que desean que la revolución se desmadre al comunismo marxista clásico, dentro del chavismo (y también dentro de la oposición, ¿por que no?) y hay opositores socialdemócratas, socialistas, pasando por nacionalsocialistas (Nazis) y demás grupos que hacen que el, por mi denominado, “Despertar de las ideologías en Venezuela” tome por desprevenido a los agentes tradicionales de la política en estos días. El ciudadano común tan solo se cree que la diatriba radica solo en Socialismo (lo que unos ven como socialismo) versus el Capitalismo (lo que otros interpretan por capitalismo) cuando en realidad, esto pareciera ser reflejo de aquella sociedad cuarto-republicana que, ante las alternativas que sus dirigentes les proponen, se aferran por la esperanza, no solo de cambio, sino de “quietud” y de “tranquilidad”, de recuperar los viejos años de una u otra manera, aquella prosperidad que nos vendían los cabrones adecos y copeyanos que nos gobernaban, un intento de formar un nuevo orden… y todo lo demás asociado. Cuando las ásperas posturas del post-modernismo nos pueden encauzar hacia caminos más psicóticos y mucho más desviados en donde la única verdad sería el mero hecho de respirar y en donde hay tantas ideologías como personas caminan, comen y defecan. Hay que sentar cabeza y reflexionar acerca, no solo de nuestro presente, sino de nuestro futuro como nación y de plantearnos formas alternativas de convivencia social que impidan que nos matemos los unos a los otros.

Sobre la necesidad de sobreponer esta, personalmente estúpida, discusión es necesario aclarar términos, encontrar nuevas verdades y poner en prueba de manera pacífica y novedosa aquella solucion que las (en plural) mayorías puedan confiar, eso solo tras un análisis concienzudo y no por los simples panfletos que los partidos le dan a su militancia.

La antipolítica se ve como una radical solución que debe, necesariamente apuntar hacia una nueva manera de ver la política y de hacerla. De recuperar su sentido original (los asuntos de la polis) de dejar de ver a los partidos de masas como aquellos salvadores que con la magia de la democracia representativa someten a una u otra pequeña tiranía cada cuatro, cinco o seis años, mientras el vaivén continuo de castas políticas sigue, la población tiene que pagar los platos rotos de políticas erradas, alejadas de las necesidades de la población y en donde se suceden sucesos (valga la redundancia) que hacen que el “revolucionario” de turno use esos mismos mecanismos de poder, para prometer el cielo, y como consecuencia, termine trayendo el infierno a los países que creen fervientemente en sus demagogos líderes.

La antipolítica radical se basa en una negación de la política actual por considerársele inefectiva (más que sucia, o cualquier adjetivo calificativo de valor) ante las verdaderas necesidades del pueblo y de los individuos que lo componen. La antipolítica es, sencillamente, la política por otros medios. Y allí entran las tan mentadas organizaciones de base.

Tanto el opositor que piense que veinte o treinta curules pararán lo inevitable o el chavista que crea que los manipulados poderes públicos se den cuenta de los problemas que nos aquejan; tienen que pensar que la vacua decisión entre una política “revolucionaria” profundamente contradictoria y una vacía propuesta opositora que se basa en la “DEMOCRACIA” (y más nada…) no llevará a ningun lado a menos que los militantes, ciudadanos y demás habitantes de este país piensen por si mismos y en sus problemas, y en los problemas comunes y les busquen solución de manera directa y eficaz.

Entre un opositor que le reza a los líderes de hace diez años para que nos salven “del terror rojo…”, entre el chavista que sigue creyendo en el presidente, luego de que este le haya sugerido bañarse con una totuma, y el ni-ni que no aporta nada de nada y se limita a la simple crítica, pues, prefiero abstraerme, pensar, y ACTUAR.

Para que usted, estimado lector casual, no me crea que estoy en este último sector, en la próxima parte de este post, pues daré algunas propuestas (total, que no puedo hablar de soluciones, puesto que no soy dueño de la verdad -por ahora-) para, no solo “salir de Chávez” o “construir el socialismo bajo la marcha” sino para presentar un país factible, realizable, libre y soberano; Libre para que la gente tome su camino hacia la felicidad; Soberano, para que la gente adquiera por primera vez, su soberanía y deje de transferírsela a entes alejados, vacíos y monopolizadores del poder.

En resumen: La antipolítica como nueva revolución, vista como la evolución natural de cambio (o algo así lo demuestran las encuestas que le atribuyen al sector de los Ni-Ni la real mayoría de esta nación). La política como otros medios, el abstencionismo activo, la organización de base, la resistencia organizada y la lucha por la libertad para dar un buen sustrato hacia la vida que cada uno de nosotros desea.

Su humilde servidor planteará algunas propuestas (claro, personales) sobre aquel futuro. Pero ojo, que no soy yo el diseñador de sociedades ni esta es la realidad verdadera que todos ciegamente debemos seguir. Si está interesado, casual lector, en dicha propuesta específica, pues no se pierda el hilo de este post. Mientras, café y galletas no serían una mala idea.

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