La “Anarquía” vista por el cristianismo (católico)

por J. O. Guevara


"¡¡AAAAAA, un pérfido anarquista ateo, mátenlo!!"

Advertencia: Esta entrada es ladillosamente larga y puede contener cosas que no son “de primera” entendibles. Y no me dio la gana de editarla y partirla en dos partes (Llegó Capitán Obvio), no vaya a ser que falte algo y no se me comprenda en su totalidad. Ruego su comprensión.

Atte. “La Gerencia del blog”

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Por mera curiosidad pude ver cual es la posición que el catolicismo tiene acerca de la anarquía. Y (me lo esperaba) erran en algunos conceptos fundamentales, lo cual sustenta una interpretación tendenciosa, instando a regresar a la “verdadera religión” y asumir la autoridad Estatal como algo normal y ver a la anarquía como una perfecta utopía irrealizable.

Nos traen el viejo argumento hobbesiano de la maldad absoluta y natural del ser humano. Comparando a la anarquía como una creencia comeflorística rousseauniana en la convivencia ideal de los bon-sauvages. Acá presento el primer extracto de la definición dada por la Enciclopedia Católica sobre lo que ellos entienden por anarquía:

Anarquía significa ‘ausencia de ley’. Sociológicamente es la teoría moderna que propone suprimir todas las formas existentes de gobierno y organizar una sociedad que ejercite sus funciones sin el control de ninguna autoridad directiva. Asume, como su fundamento, que todo hombre tiene el derecho natural de poder desarrollar sus poderes, satisfacer sus pasiones, y responder a todos sus instintos. Insiste en que el individuo es el mejor juez de sus propias capacidades; de que el interés personal, bien entendido, tiende a mejorar las condiciones generales; que cada cual reconoce la ventaja de la justicia en las relaciones económicas; y de que al hombre, como representante de la humanidad, le asiste la razón en todo lo que hace. Como ser humano es un agente libre e inteligente, cualquier injerencia de fuera constituye una invasión de sus derechos y debe considerarse una tiranía.

Se tiene a Proudhon (1809-1865), cuyos escritos son difusos, oscuros y paradójicos, como padre del sistema; pero otros se lo adjudican a Diderot y también a la asociación de los Enragés, o Hébertistes, de la Revolución Francesa. Según Proudhon, “la anarquía es el orden” y, haciendo suyo el pensamiento de Rousseau, sostiene que el hombre es naturalmente bueno, sólo las instituciones son malas. También, de acuerdo con él, “toda propiedad es un robo”. Como los delitos que se cometen van mayormente contra la propiedad, al abolirla, se evitan los delitos. No se debe castigar a los criminales sino tratarlos como lunáticos o como personas enfermas. No deben existir los dirigentes ni en la Iglesia ni en el Estado; tampoco patronos ni empleadores. Se deberá eliminar la religión, porque introduce a Dios como base de la autoridad y degrada al hombre al inculcarle docilidad y sumisión, convirtiéndolo en esclavo y privándolo de su dignidad natural. El amor libre ha de reemplazar al matrimonio y la vida de familia, con algunas restricciones, deberá dejar de existir.

A la objeción de que los hombres no pueden vivir juntos sin una sociedad, tanto por la contradicción implicada en tal demanda como por el instinto social que le es propio, la respuesta es la siguiente: Nosotros no destruimos la sociedad, excluimos de ella a la autoridad. La anarquía presupone una asociación de individuos soberanos que actúan independientemente de cualquier poder central o coercitivo. Apunta a una sociedad en la cual todos sus miembros estan federados en grupos libres o corporaciones de acuerdo con las profesiones, artes, oficios, negocios, etc.; según el gusto de cada cual, de modo que no solamente todos sean copropietarios de todo – tierra, minas, máquinas, instrumentos de labranza, medios de producción, cambio, etc. – sino que cada uno pueda así seguir su inclinación individual. Más aún, como todos estarían unidos en una armonía de intereses, todos trabajarían al unísono para aumentar el bienestar general, igual que sucede en las sociedades comerciales, en las que la unión se basa en el provecho mutuo y se encuentra totalmente libre de cualquier presión exterior.

A ver, a ver… Anarquía no quiere decir, “sin ley”, necesariamente. Es uno de los significados que asume la traducción del griego “arjé”, pero la etimología del término asume otro significado, esta vez el literal. “Arjé” quiere decir “Arconte”, ¿Que que era un arconte? Pues era uno de los funcionarios colegiados que gobernaban Atenas durante el periodo llamado “Arcontado”, era homologable a nuestro Presidente de la República.

Dicho de otra manera, quiere decir, “Sin reyes” no “Sin leyes”. Por supuesto que la legalidad es importante para el desarrollo social y el mantenimiento de orden. Pero no apostamos a una ley única, incontestable, al servicio de explotadores tiranos y difícilmente reformable como lo es la ley estatal. Difícilmente el concepto de “Ley Policéntrica voluntariamente aceptada” sea asimilable para las élites acostumbrada a una ley centralista y coactiva a su servicio. Es decir, “haz solo lo que dicen mis reglas o te caemos a coñazos”, y disfrazar eso de “Contrato Social” es pueril y mal intencionado. Sí hubo un contrato, pues lo hubo entre gobernantes y élites, pues tan solo se le comunicó algo al pueblo y se le hizo obedecer, desde 1811 tienen con esa farsa del “sufragio como legitimador de la voluntad popular”.

Acerca de la manera de organización, como definición ecléctica mía, podría decir que el anarquismo promueve formas de organización y administración económica que se basen en la voluntariedad y la no-coacción. De allí a poner al anarcocomunismo o al mutualismo o al anarcocapitalismo como forma predominante y justa per se, eso se lo dejo a sus adherentes.

Por si acaso, soy Mutualistaanarquista sin adjetivos, sí vamos al asunto de la convivencia. Y soy afín también al Panarquismo… Solo pido independencia y respeto, para así respetar a los demás sistemas políticos. Continúo…

Pues por supuesto que el hombre no es exclusivamente bueno por naturaleza, ahora bien si se quiere saber a que se refieren con bondad, pues no sería mala idea leer u libro de etología, o de antropología cultural. El asesinato y la bondad son ambas expresiones humanas, solamente requieren de control aquellas pasiones que garanticen sufrimiento y agresión (preferiblemente controlándolas con formas no agresivas y causantes de sufrimiento, como la educación y el ejemplo…). Y para eso están las asociaciones civiles y las reglas de estas, cosas perfectamente humanas, reales y nada utópicas.

Organizaciones como el Estado contribuyen a aflorar las malas pasiones debido a la superabundancia de recursos económicos fáciles y de acceso a las voluntades humanas bajo la jurisdicción del coágulo de poder estatal. Los anarquistas extendemos la conclusión de la maldad circunstancial y natural a todos los seres humanos, y en especial, a la manada de parásitos que nos gobiernan. Enrico Malatesta lo expresó bastante bien:

Pues si se consideran a estos flamantes electores como incapaces de atender por sí mismos a sus propios intereses, ¿cómo habrán de acertar, en ningún caso, a elegir los pastores de guiarles? ¿De qué manera podrán resolver el problema de alquimia social consistente en obtener la elección de un genio como resultado de la acumulación de votos de una masa de imbéciles?

No solo las personas agresivas (contra la humanidad o grupos localizados) hacen maldades por sí solas, también se da el caso (muy frecuentemente) que las personas no-agresivas consienten la presencia de las personas agresivas en el poder, dándole su apoyo para lograr sus propios objetivos.

Y allí viene la paradoja del hedonismo. Somos herederos del legado biológico, animales con raciocinio y razón, que buscamos el placer y evitamos el dolor, pero podemos ser tan hedonistas que podríamos perfectamente el consentir la negación del placer ajeno, con tal de tener nuestro placer. Es decir, el tener el propio placer negándoselo a los demás. Así funciona la democracia representativa moderna y así funciona la tiranía de la mayoría. Por ello nuestra apuesta al no-gobierno.

En los pueblos primitivos se encuentran actitudes que pueden catalogarse de buenas y malas. Pero estaríamos comparando realidades poco comparables debido a los dos planos morales distintos y a nuestra tradicional y maniquea forma de ver la moral, en cosas buenas y cosas malas.

Cabe aclarar que los conceptos de mal y bien son relativos y no absolutos, dependen de la cultura y evolucionan (cambian) según la misma. Así mismo pasa con la moral, la cual sería el compendio de reglamentos culturales que irían orientados en pro de garantizar la convivencia humana con el mínimo sufrimiento o agresión.

Por ejemplo, el dios Yavé es altamente contradictorio al igual que la sociedad aupada por el, al decretar normas morales de bondad, y luego borrar con el codo dichas leyes “moralistas” al permitir la esclavitud, la minusvaloración de la mujer, el saqueo de pueblos que no eran “elegidos”, el apedreamiento por no seguir el Sabát. Entre otras linduras. Sí creen que la ley mosaica no es extensible a los cristianos o que fue abolida en su totalidad por Jesús de Nazaret, pues puede leer esta cita de la Biblia a ver que tal le parece:

Mateo 5:17. “No penséis que he venido a abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.”

Así que suponer que la religión es fuente inmarcesible de moral, al usar dos conceptos de manera maniquea y con contradicciones prácticas, no sería lo más justo. La filosofía judeocristiana está errada en la concepción antropocéntrica del hombre. No es posible argumentar cosas con una presencia absoluta de supuestos axiomas (a este tipo de axiomas les llaman dogmas) que no tienen derecho a ser examinados y que, bajo una supuesta libertad (libre albedrío) se presentan como opciones a escoger a punta de pistola y miedo (Yo o Satán, Yo o condenación eterna). La moral basada en dos conceptos absolutos es dañina y generadora de intolerancia. Malatesta again:

Nosotros, por el contrario, no pretendemos poseer la verdad absoluta,  creemos más bien en la verdad social; La mejor forma de convivencia social no es algo fijo, valido para todos los tiempos y para todos los lugares, algo que pueda determinarse con anticipación, sino algo que, una vez asegurada la libertad, se va descubriendo y llevando gradualmente a la practica con los menores roces y la menor violencia posibles. Por eso nuestras soluciones dejan siempre la puerta a varias soluciones y, a poder ser, mejores.

Ahora leemos este pasaje de la definición de la Enciclopedia Católica:

Los conceptos distorsionados de libertad de pensamiento, libertad de prensa, libertad de palabra, libertad de conciencia, que se reivindican como derechos, y que se consideran esenciales en la civilización moderna, cualquiera sea la extravagancia a la que conduzcan – incluso a la difusión de las doctrinas más revolucionarias e inmorales – han magnificado la importancia y el carácter sagrado del individuo hasta el punto de que se ha convertido para sí mismo en la ley, en ética y religión, y está prácticamente persuadido de su independencia absoluta del Creador en su conducta en la vida. En mucha de la literatura actual existe casi una idolatría del poder humano, no importa con cuantos crímenes se asocie. Nuevamente, el método de educación en algunos países, que excluyen absolutamente hasta el nombre de Dios de los colegios, y que no admite ninguna instrucción religiosa, o solamente un código ético sin sanción ni autoridad, no podría dejar de desarrollar una generación de anarquistas. Los padres conservan algunos recuerdos de la religión y un sentido de la obligación unido a ella; la generación siguiente no tendrá ninguno. Finalmente, la acumulación excesiva de riquezas en las manos de unos pocos por métodos supuestamente deshonestos, y el uso pretendido de ellas para corromper las asambleas con la finalidad de que perpetúen los abusos, proveen material para que los demagogos sin principios levanten las peores pasiones en la población. Más aun, aunque la condición de los pobres no es tan mala como solía serlo, el contraste con el lujo de los ricos es suficiente para excitar la codicia y la ira, mientras que la ausencia de motivos religiosos hacen que la pobreza y el sufrimiento sean no sólo insoportables, sino, a los ojos de las víctimas, innecesarios e injustos.

La ética anarquista de mercado (mutualista, anarcocapitalista y agorista y en la cual me concentraré por ser la que yo acepto) basada en el principio de no agresión considera que la maldad viene de los hombres que violan coactivamente el derecho del individuo a decidir sobre su destino y sus bienes. Debido a que yo creo que el hombre es dueño de su vida, rector de su destino, y que ninguna autoridad externa debe ordenar u obligar a cambiar las decisiones de la rectoría individual, pues el único crimen a ser condenado es la interferencia indebida del exterior sobre y contra aquella decisión.

Me enfrento a un punto que me preguntarán ¿Entonces yo soy libre de matar, y que una imposición externa a mi derecho a matar gente, sea considerada un crimen?. No, precisamente porque yo, no soy el único que posee ese derecho. Y segundo, que ese derecho priva a las personas afectadas, para siempre, a decidir su futuro. Por ello se desarrolla la ética basada en el axioma de la no-agresión y de la igual-libertad.

El ejercer fraude, el uso de la fuerza o la amenaza de ella es malo, ya que se están privando a otras personas para ejercer sus derechos, sean agresivos o no, hagan daño o no. Por ello creemos en la necesaria convivencia pacífica, y no en la matazón indiscriminada. Otro punto importante es que el fin, jamás justificará los medios. No se valen romper temporalmente los derechos de los demás para garantizar un “bien común” o un “futuro glorioso” (esta última excusa muy preferida por demócratas “big-state”, fascistas y comunistas de Estado -aunque según algunos pensadores, el anarcocomunismo puede plantear situaciones parecidas a la coerción ideológica/física-).

Para aclarar: No quiero con esto desconfiar de plano del anarcocomunismo/anarcocolectivismo, sino que quiero que se entienda que la convivencia entre sistemas, y la alianza entre anti-estatistas son condiciones bastante importantes para un proyecto libertario. De nuevo, Malatesta (quien por cierto, era anarcocomunista y muy orgulloso de serlo) manifestaba su opinión al respecto:

Probablemente todas las formas posibles de propiedad, uso de los medios de producción y todas las formas de distribución se experimentarán simultáneamente en el mismo o en diferentes lugares, y se fusionarán y adaptarán de diversas maneras hasta que la experiencia práctica identifique la mejor forma o formas.

Solo las acciones humanas basadas en el libre acuerdo y aceptación, son virtuosas, incluida la representación. Pero aquella representación que viole nuestros derechos o los derechos de los demás, o no sea libremente acordada, es falaz. Por ello nuestra oposición al Estado, por ser coactor, coercionador y violador institucionalizado de los derechos de las personas, todo mantenido por un falaz régimen democrático que se comporta como una isocracia de élites. Ni que decir de régimenes eclesiocráticos o dictatoriales.

El fraude, amenaza o uso de la fuerza para quitar la vida se llama “asesinato”.

El fraude, amenaza o uso de la fuerza para quitar la libertad se llama “esclavitud”.

El fraude, amenaza o uso de la fuerza para quitar los frutos del trabajo se llama “robo”.

Por ello no se acepta que nadie asesine, que nadie esclavice, o que nadie robe. Ni tampoco que las autoridades (que al final son un grupo mas o menos grande de seres humanos iguales a uno) maten, esclavicen o roben. Y que se institucionalice el robo, el asesinato y la esclavitud es la peor de las desgracias y tiene que ser necesariamente combatida. Para nosotros, el Estado es la institucionalización de todo eso.

Me dirán, ¿Y si yo hago todo eso voluntariamente?. Pues eso ya no sería asesinato, sería “suicidio asistido”. Ya no sería esclavitud, sería “servidumbre voluntaria”. Ya no sería robo, sino “regalo”. Pero lo importante es que ambos estén de acuerdo en ello y no usen la fuerza. Sí existe coerción, intento de uso de fuerza o fraude, pues ya no serían nada de eso, volverían a recuperar su clasificación como “asesinato”, “esclavitud” y “robo”.

Todo el enramado ético y moral del anarquista de mercado se puede ensamblar sin necesidad de complejas estructuras a nivel general, y, como se habrán dado cuenta, sin la necesaria presencia de la religión o de “Dios”. Aunque eso no excluya a los creyentes, que tienen todo el derecho de creen en lo que sea, todo cuanto no se asesine, esclavice o robe. Es decir, que no agredan. Por eso nuestro rechazo al fundamentalismo cristiano y al terrorismo integrista islámico o hasta el terrorismo “laicicista” de quemar curas.

El no agredir, y el dejar hacer. Allí se resumen los axiomas de No-agresión y de igual-libertad. Son complementarios y necesarios el uno del otro. Por ello la consideración histórica del anarquismo de considerar al binomio “Libertad-Igualdad” algo de necesaria consideración. Proudhon se tomó la molestia de sugerir una especie de dialéctica no sintetista sino equilibrista. No llegar a una “síntesis final” sino recurrir al progreso ilimitado gracias a las sucesiones de confrontaciones téticas y antitéticas que continuaban el proceso, todo dado por una necesaria apertura de conocimiento y de expresión que el apoyaba.

Somos humanistas principalmente y no llamamos al “endiosamiento” del hombre, solo al descubrimiento de su dignidad a través de la superación de la pobreza material y espiritual a través del uso de la libertad en igualdad mediante medios los más éticamente aceptables, todo sin depender necesariamente de dogmas no-falsables o tradiciones incontestables perpetuadoras de explotación o de dictaduras temporales basadas en el miedo, el resentimiento, la fuerza y el cumplimiento de “altos y elevados fines” mediante medios pobremente éticos.

Según la definición de la Enciclopedia Católica, para el anarquista:

No puede existir la familia, ni el Estado, ni la Iglesia, ni tampoco ninguna sociedad.

¿Y esto de donde coño lo sacaron?

Para ver una opinión anarquista de la Familia y lo de la Iglesia, pueden ver este post. Lo del Estado es obvio… Lo de la Sociedad, es una locura malintencionada… Y sí se está en contra de una sociedad, estamos en contra de sociedades explotadoras, ignorantes e injustas. Y pareciera que no comprenden bastante bien lo de “La propiedad es un robo”. En el link está una aclaratoria, desde un punto de vista mutualista (la escuela anarquista más afín al pensamiento de P. J. Proudhon).

Sigo con esta definición de la Enciclopedia Católica:

La raíz de todo este mal es la apostasía del Cristianismo, tan marcada en algunas naciones, y la aceptación, o influencia, del ateísmo

Pues no se equivocan. La cosa es que, para alguien que tenga a Dios en tan alta estima, pues el solo pensar que algo pueda en poner en duda la santísima autoridad de Yavé, es sencillamente blasfemia, y está condenado al fracaso, sea lo que sea.

Aparte, y para finalizar, los anarquistas no nos oponemos a toda la autoridad, ni nos oponemos a la patria como referente afectivo-emocional. Solamente rechazamos la autoridad coactiva, y más si esta está institucionalizada; y la patria fetichizada por la que hay que matar o morir, o anexar naciones, o hacer crecer al Estado (su territorio) a expensa de los demás. Para muestra un botón. Mijaíl Bakúnin:

¿Se desprende de esto que rechazo toda autoridad?

Lejos de mí ese pensamiento. Cuando se trata de zapatos, prefiero la autoridad del zapatero;
si se trata de una casa, de un canal o de un ferrocarril, consulto la del arquitecto o del ingeniero.
Para esta o la otra, ciencia especial me dirijo a tal o cual sabio.
Pero no dejo que se impongan a mí ni el zapatero, ni el arquitecto ni el sabio.
Les escucho libremente y con todo el respeto que merecen su inteligencia, su carácter, su saber,
pero me reservo mi derecho incontestable de crítica y de control.
No me contento con consultar una sola autoridad especialista, consulto varias;
comparo sus opiniones, y elijo la que me parece más justa.
Pero no reconozco autoridad infalible,
ni aun en cuestiones especiales; por consiguiente, no obstante el respeto que pueda tener hacia la honestidad y la sinceridad de tal o cual individuo, no tengo fe absoluta en nadie.
Una fe semejante sería fatal a mi razón, la libertad y al éxito mismo de mis empresas;
me transformaría inmediatamente en un esclavo estúpido y en un instrumento de la voluntad y de los intereses ajenos.

Si me inclino ante la autoridad de los especialistas y si me declaro dispuesto a seguir,
en una cierta medida durante todo el tiempo que me parezca necesario sus indicaciones y aun su dirección,
es porque esa autoridad no me es impuesta por nadie, ni por los hombres ni por Dios.
De otro modo la rechazaría con honor y enviaría al diablo sus consejos, su dirección y su ciencia,
seguro de que me harían pagar con la pérdida de mi libertad y de mi dignidad los fragmentos de verdad humana,
envueltos en muchas mentiras, que podrían darme.

Me inclino ante la autoridad de los hombres especiales porque me es impuesta por la propia razón.
Tengo conciencia de no poder abarcar en todos sus detalles y en sus desenvolvimientos positivos más que una pequeña parte de la ciencia humana. La más grande inteligencia no podría abarcar el todo.
De donde resulta para la ciencia tanto como para la industria, la necesidad de la división y de la asociación del trabajo.
Yo recibo y doy, tal es la vida humana. Cada uno es autoridad dirigente y cada uno es dirigido a su vez.
Por tanto no hay autoridad fija y constante, sino un cambio continuo de autoridad y de subordinación
mutuas, pasajeras y sobre todo voluntarias.

Bakúnin y su opinión acerca del nacionalismo y a la Patria:

La patria y la nacionalidad son, como la individualidad, hechos naturales y sociales, fisiológicos e históricos al mismo tiempo; ninguno de ellos es un principio. Sólo puede considerarse como un principio humano aquello que es universal y común a todos los hombres; la nacionalidad separa a los hombres y, por tanto, no es un principio. Un principio es el respeto que cada uno debe tener por los hechos naturales, reales o sociales. La nacionalidad, como la individualidad, es uno de esos hechos ; y por ello debemos respetarla. Violarla seria cometer un crimen; y, hablando el lenguaje de Mazzini, se convierte en un principio sagrado cada vez que es amenazada y violada. Por eso me siento siempre y sinceramente el patriota de todas las patrias oprimidas.

(…)

La nacionalidad no es un principio; es un hecho legitimado,

como la individualidad. Cada nación, grande o pequeña, tiene el indiscutible derecho a ser ella misma, a vivir de acuerdo con su propia naturaleza.

Este derecho es simplemente el corolario del principio general de libertad.

Todo aquel que desee la paz y la justicia internacional debería renunciar de una vez y para siempre a lo que se llama la gloria, el poder y la grandeza de la patria, a todos los intereses egoístas y vanos del patriotismo.

Y, de nuevo, Malatesta, refiriéndose a la anarquía como sociedad sin autoridad:

Anarquía significa sociedad sin autoridad, entendiéndose por autoridad la facultad de imponer la propia voluntad, y no ya el hecho inevitable y benéfico de que quien mejor entienda y sepa hacer una cosa consiga con más facilidad hacer que se acepte su opinión,  y sirva de guía,  en esa cosa determinada,  a aquellos que son menos capaces que él

Y sí no gustó pues lo siento… No escribo a órdenes de nadie. 🙂

Ah, y soy Apátrida también y con orgullo, asi que los que tienen una consigna polítiquera barata por mente y vengan acá a solo insultar me lo pueden…

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Atención: Soy agnóstico, y por lo menos no negaría de plano la existencia de un Dios que regule todo esto de alguna manera, o algo así, sin violar las leyes físicas. Pero soy racionalista por naturaleza, y sí los creyentes hacen aseveraciones extraordinarias (como sostener como verdadera la historia de la mujer-costilla y la serpiente parlante) deben presentar pruebas extraordinarias.

Personalmente creo que el dios judeo-islamo-cristiano está lleno de contradicciones locas (a su vez autor de normas locas como El Decálogo) que me hacen suponer con bastante razón que lo que las religiones mayoritarias dicen de el es falso y enteramente basado en costumbres nada actuales de un pueblo semi-nómada de pastores de ovejas de la edad de Bronce. Soy humanista secular… y no he matado a nadie en nombre de la ciencia 😉

Apelar a la Biblia como tradición incontestable sería ejemplo de un razonamiento circular (auto-justificable), del uso del argumentum ad verecundiam y del argumentum ad antiquetatem. Con falacias lógicas no se discute.

Sí usted desea mandarme al infierno por lo que escribí sería ejemplo del uso del argumentum ad baculum. Así que puede perfectamente intentar hacer miserable mi existencia en este mundo y no en el otro por “culpa” de mis opiniones, pero eso sería violar el axioma de no-agresión así que… respete y deje vivir…

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