Maldito Nacionalismo

por J. O. Guevara


Sí este acto es horrible y denigrante, vaya a un barrio cualquiera y verá peores cosas...

Sí, señores, lo lamento. Ahora a desmontar el mito basura del nacionalismo patriotero que amenaza con tragarnos vivos en una lluvia de plomo, sangre y mierda.

Un momentáneo acceso de ira me motivó a descargarla en este lindo artículo. Avisado, aquellos patrioteros adoradores de banderas y de amados aristócratas (la uso en su sentido griego original -gobierno de los “mejores”-) pueden voltear la mirada e ir a otro lado. Esto es una prédica furibunda, aunque con sentido (eso aspiro) sobre ese estúpido consciente colectivo (abstracción intocable como si tuviera vida propia) el cual hace considerar a un trapo de colores o una idea caduca, superiores, al valor de la vida humana, o el bienestar propio.

Primer acto:


Va a empezar con una contradicción… Soy un intento de vexilólogo aficionado. Eso denota a la persona que se especializa en el estudio de las banderas, como símbolos, como están estructuradas, y sobre todo, como hacerlas e interpretarlas.

Me encanta la sencilla solidez simbólica de las banderas. Tantas ideas, expresiones, encarnadas en esos símbolos o en su orden es algo que me fascina. Es uno de los vehículos de exhibición de ideas más antiguo, y me imagino que desde esos tiempos, se dieron cuenta del valor de dichas cosas.

Bien, hasta allí vamos bien.

La cosa que detesto de las banderas, especialmente de las nacionales, es que sean esos malditos trapos que tienen la maldita costumbre de mancharse de sangre cada cierto tiempo porque un cabrón con autoridad así lo dijo.

Lo peor es la actitud de alguna persona cuando recrimino este comportamiento, aunque sea de forma suave:

“No sabes lo que esa gente sufrió por esta bandera”

“Nuestros libertadores… bla, bla, bla… nos liberaron, no seas malagradecido”

“Apátrida, menos mal que no soy oficial activo, porque te mando a fusilar por traidor”

“Eso es sagrado. ¡Respeta!”

Esa gran vaina, esa sacra actitud de no se qué. No la entiendo.

Los símbolos tienen el poder que les da la gente. Recuerden. LOS SIMBOLOS PATRIOS SON INVENTOS DE LA MENTE, por si solos no se diferencian de un pedazo de oro, o un pedazo de tela, o de bronce. Excepto por la dedicación en transformarlos… Cosa no diferente de cualquier cosa que tengan alrededor suyo, como su computadora o su televisor (cosas transformadas al fín)… Y pareciera que sirve más una computadora que una bandera.

No estoy en desacuerdo a aquel que quiera adorarlos o tenerles estima especial. Quien quiera adorar a una piedra o a un poste que lo haga… Pero no tiene ningún fundamento lógico (siquiera racional) que este culto pase por imposición indiscriminada sobre las generaciones futuras (y hasta contra los ciudadanos adultos), sin ser evaluado, señalado, analizado, ni mucho menos criticado. Si el objetivo del sistema educativo es el de generar mentes crédulas y repetitivas de eslógans pro-estatales, pareciera que no van demasiado desencaminados.

¿Y que carajos tiene que ver el sentimiento con mi tierra local con un pedazo de tierra o con un trapo de colores? ¿Acaso me hace más especial honrar a determinada cosa, cuando resulta que mis alrededores están sucios, mal organizados, o simplemente mi hogar se ha vuelto sencillamente detestable? Dicen que la bandera simboliza a mi país… ¿Y como está mi país ahorita? ¿Es que acaso no hay otras maneras de demostrar tu aprecio a tu hogar -como trabajar, críar buenos hijos, dar lo mejor de tí-? ¿Despreciar la simbología patriotera me hace menos persona?

A veces me preguntan si yo seria capaz de “desacralizar” un símbolo patrio. Y puedo responder con duda. La única ofensa que puedo sentir si queman determinado símbolo, es aquel que se ve relacionado con algo positivo.

Claro, soy humano, tengo preferencias… Si mi país tuviera un buen nivel de vida. Si el dinero alcanzara para lo necesario, si no corro el riesgo de que me maten en la esquina cuando compro el pan, y puedo estar seguro de que este sea el país en donde mi familia crezca y yo me muera en santa paz, dudaría en quemar los símbolos de dicho lugar o territorio, ya que (a diferencia de los inmovilistas o iconódulos que abundan por doquier) estos ayudarían a representar ese estado de quietud, prosperidad y paz… El respeto se gana, no se adquiere por “derecho divino” o por una ridícula ley legislada a la media noche o por la voluntad del maisimo líder.

¿Pero que puedo pensar de una mierda belleza de país en donde su ciudad capital está entre las ciudades más violentas del mundo (y en donde la seguridad personal está, por decirlo menos, puesta en duda), en donde el dinero no dura nada conformándose con tener el bolsillo lleno de moneditas de juguete que no valen nada y gastando marrones que cada día valen menos, con una educación en franca decadencia, donde tenemos gente amenazando con guerra, apostando al conflicto o a la deshonestidad, mintiendo descaradamente e imponiendo su visión de la vida porque sí?

¿Y la oposición no puede hacer nada mejor que apelar a una democracia mal definida o etérea (con sus toques chic de nacionalismo diluido o mal disfrazado) en donde lo único real sea el dominio partidista y sectario de dinosaurios que quieren conformar una predilecta e iluminada “clase política” que gobierne? Dos palabras: Modernidad fracasada.

Claro, hasta la lucha se ha vuelto simbólica… La oposición (la más extremista especialmente) abigarrada en su tricolor de siete estrellas; mientras el chavismo empapela todo lo que puede con tricolores de ocho estrellas. Una bendita estrellita de diferencia para nublar mentes (ya bastante nubladas de por sí por esto que llaman “polarización”) sin siquiera fijarse en los conflictos de fondo que subyacen entre estos dos tricolores… y entre las ideas que representan ambos grupos polarizados.

La corrupta República de Venezuela, de triste historia gobernada 150 años por milicos sin escrúpulos, representada por el excluyente tricolor de siete estrellas. ¿Es que acaso se olvidan que fueron siete provincias que firmaron el acta, y tres que se negaron? ¿Y como es que Maracaibo, Coro y Angostura están ahora en territorio venezolano?… Respuesta: A la fuerza.

La “liberada” Angostura (hoy Ciudad Bolívar) se redujo en más de la mitad de su población luego del esfuerzo de la guerra (lindo, ¿no?). La muy noble y leal ciudad de Maracaibo por su atrevimiento a quedarse fuera de la confederación venezolana, ahora se ve recompensada con un enfermizo centralismo de larga data, siendo parasitada por los gobiernos centrales, y siendo su petróleo el combustible del desarrollo nacional en el último siglo. En una palabra, ese pabellón me huele a Exclusión.

Algo parecido reivindica el tricolor de ocho estrellas… Tomamos Guayana a la fuerza. Hoy Angostura, mañana, Sudamérica. Un pabellón que apesta a Imposición (Y que raro… impuesta por una Asamblea Nacional electa con menos del 25% de los votantes*, pero en fin, eso es una nimiedad que no tiene que ver con el post…).

La guerra de independencia que dejó débiles republiquitas endeudadas y azotadas por pobreza inmisericorde fué más un fracaso que un éxito, siendo apenas en el siglo XX (no inmediatamente, sino más tarde en dicho siglo) que los derechos democráticos son garantizados en su totalidad y apenas se vive un renovado espíritu de soberanía y la gente podía a aspirar a algo mejor que una vida miserable en el subdesarrollado y mal-atendido campo, casi comiendo ratas (Sí consideran al Chigüire como una rata gigante, ya se verá el simil).

Las instituciones coloniales que le dieron origen y estabilidad a Venezuela durante tres siglos (a pesar de su sangriento y traumático nacimiento apoyado por esa religión de paz y amor que era el cristianismo del siglo 15**) fueron barridas y reemplazadas por intentos de instituciones fácilmente secuestrables que degeneraron en locuras como las guerras civiles y las autocracias militares.

Apenas estamos en pañales… Quizá sea justo decir que somos algo medievales en comparación a Europa (esto sin dar rienda suelta a un injustificado y marica conformismo lastimoso).

Así mismo, la Revolución (y que) “bolivariana” intenta  a la fuerza construir un nuevo modelo de sociedad, por ensayo y error, malamente pues… Con la razón de la fuerza, tal como Bolívar fusila a Piar por “insubordinación” o cuando tantos milicos se asumieron como mesías temporales de la patria pagando los platos rotos el pueblo y su calidad de vida.

Y si puedo desacralizar banderas que representen a las cosas que me generan malestar o amenazan con mi modo particular de vida… Una ellas adorna mi habitación.

Primero ser humano, luego libertario, y después Venezolano con orgullo (sí no, ni la hubiera colocado).

¿Que porqué le corté el escudo?

Soy anarquista, el anarquismo presupone la negación del Estado como violencia y coacción institucionalizada. Y el Escudo en la bandera representa al Estado… Fácil. Se elimina.

Como nota… La “bandera nacional” es la bandera SIN escudo. La bandera CON escudo se llama “pabellón nacional” y su uso le compete a las instituciones del Estado y las Fuerzas Armadas. Así para resaltar mi carácter civil (y como es un milagro conseguir una banera nacional -sin escudo- en este país al revés) decido eliminarlo.

Segundo acto:


Otra cosa que me enferma es el culto a los próceres… Que ya se fué a nuevas y locas alturas gracias al show que nos presentó mico-mandante con esto de ver un esqueleto de alguien muerto hace casi doscientos años (extrañamente completo cuando hay informes que mencionan lo contrario) en cadena nacional y con una invitación a mirarlo con santa reverencia y “amor” como si fuesen los mismísimos restos de Jesucristo…

WTF?

Coño… ¿Donde estamos que ya nos calamos cosas como esta?

¿Quien dijo que los consejos que dijo un ser hace doscientos años tienen absoluta y plena validez en la sociedad “tecnocrática” y consumista de principios del siglo XXI?

¿Porqué nos calamos que este ladrón de ideologías encarnado en el presidente temporal (temporal es un decir… ya sabemos lo que quiere) de la República (no mío) use de manera grosera, pública y pseudo-necrófila los restos de un ser humano aprovechando el bolivarianismo crédulo implantado gracias a la educación pro-procerísta hagiográfica de la “cuarta república” para ganar simpatías y votos que le permitan morirse en el cargo?

A mí que me da “miedito” intenso mirar algo que tiene que ver con un muerto (para ahorrarle el susto a alguien, prefiero que me cremen y entierren mis cenizas y planten un árbol encima… preferiblemente de manzanas), y mucho más cuando usan eso con una pasión intensa, y sobre todo… artificial. Ya el miedo se transforma en asco.

Y esto va sobre algo que me suelen recriminar cuando meciono este punto. Lo del “malagradecimiento”. Primero:

Bolívar está muerto. Punto. ¿Alguien ha visto a un muerto sentirse feliz por darle gracias? A menos que se crean la basura de ver almas y gente muerta flotando por allí, pues tengo que ser severo en esto.

Segundo. Coño… La libertad NO SE OTORGA. No hay “libertadores”. La sociedad que reconoce a un libertador, muy pronto y crédulamente reconocerá a millones de ellos… Casi siempre usando a este prototipo de libertador para sus oscuros y oclocráticos propósitos.

Aparte, el reconocer a un “libertador” viene con un lindo paquete de imposiciones, ya que esa libertad no suele ser “libre” sino “condicionada”, debido a que la particular visión del “libertador” de turno suele ser aquella que le pone cotos a la libertad “otorgada” de acuerdo a su visión de lo que debe ser “libertad”. Monopolio de egos, monopolio de atribuciones. Así surgen los Hitler, Stalin, Castro, Mugabe y demás líderes propios de pueblos excesivamente esperanzados en una solución emotiva y depauperados. Especialmente en aquellos pueblos caostumbrados*** a la adicción del Estado y las aparentes soluciones auto-mágicas que proveen los medios políticos de decisión. Esto conduce a un círculo vicioso en donde las instituciones suelen ser tan depauperadas e inestables como el pueblo.

Claro, en sociedades en donde el sentimiento individualista (recomiendo que se lean el homónimo y breve, pero delicioso análisis de Pierre Lumieux sobre ello) no prospera, en donde vemos la necesidad de ser mandados por adquirir seguridad temporal o complacer cierto hedonísmo irracional (algo que se corresponde más con el instinto que con la razón -que necesita de libertad para funcionar mas o menos bien-) , no se ve factible la generación de ciudadanos que no le teman a la responsabilidad de tomar a su vida por los cuernos y lo más probable es que genere siervos, borregos y ovejas ansiosos de elegir a su pastor (más si esta sociedad padece de una mala situación económica y le crea al primero que prometa plata y caña)… O si la flojera es universal. ¿Para que elegir pastores? ¡Que vengan del cielo -o de un lanzamiento de dados-!

Uso la libertad como me da la regalada gana. Incluyendo libertad de duda, crítica y burla******, como la tienen para conmigo. Eso es usarla de la mejor manera. Y para mí no hay mejor agradecimiento de un regalo que usar lo que me dieron. Se burlan de mí, yo me burlo… Me dan un gobierno y un país de mierda burlándose del voto de mis padres y de mi intento de vivir acá. No considero insulto alguno el expresarme y quejarme por ello.

Que cagada…

¿Viviremos para el tercer acto? ¿O el intermedio nos comerá vivos antes de ponernos a pensar?

Y para los que digan que quejarse de este maldito país (que por lo menos está mejor que países africanos en donde se comen vivos) es un acto de traición… pues yo creo que no contribuir en nada (o peor, contribuyendo a que este desastre continúe) merecería más castigo que un simple escrito como este. (Espero y aspiro que esto mueva alguna que otra cabeza trastornada y enferma como la mía :D). Si Ud. piensa lo contrario, felicidades, es un simple conformista.

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* Vean los datos del C.N.E de la elección parlamentaria de 2005 para que luego digan que estoy mintiendo.

** Por si no se dieron cuenta… es ironía. Parece que es bastante difícil de detectar

*** Me gusta inventar palabros****

**** Esa palabra existe. Está en el DRAE

***** Algunos se pondrán fúricos cuando menciono que la burla está entre los “derechos de expresión”. Y con razón. No les gusta, les hiere.

Pues eso mismo. Al no gustarles, o herirles, están expresando ese sentimiento acorde a su persona. Una cosa es burlarse de las personas (su comportamiento, apariencia física o algo así) y otra de las ideas (pensamiento, opiniones).

Opondrán a ello, que el burlarse de las ideas de uno representa una afrenta contra la persona, ya que estos pensamientos dados vienen de personas dadas. Contra ello respondería que ese respeto acrítico no representa más que un vulgar autoritarismo solapado. La sacralización personal de las ideas que impide su revisión o su duda es algo peligroso que conduce al fanatismo. La aceptación no es irrestricta ni debe ser obligatoria.

Hago la distinción entre ideas y personas para evitar esa influencia que puede dar ese fanatismo a respetar acríticamente o peor, a imponer fanáticamente dichas ideas. Tengo derecho a burlarme porque considero que hay personas con ideas distintas a las mías, y quiero celebrarlo y diferenciarlo, al igual que ellas tienen ese mismo derecho. La correción política o el disgusto a la burla no ha impedido que la gente se mate cuando se trata de imponer valores al resto de la sociedad.

Personalmente se pueden burlar de mi diseño del blog, de mis escritos, o de mi pensamiento político, o mi posición ontológica… lo que sea. Pero al llegar el momento de análisis y diálogo, las burlas solo pueden representar puerilidad sentimental, latiguillos graciosos, llamadas de atención o simple relleno; pero no argumentos ni exposiciones relevantes. Quien esté no esté dispuesto a que sus pensamientos, opiniones e ideas sean criticados, burlados, satirizados o demás, está renegando el juicio del prójimo, al no concederle nada, y está incurriendo en intolerancia… Pudiendo caer tarde o temprano en censura y/o violencia.

No niego en ningún caso el derecho de existir de personas o ideas, pero no niego tampoco el derecho de relacionarnos como queramos, y eso incluye necesariamente la burla y la sátira.

Por ello defiendo abiertamente artículos como los míos, a las caricaturas de diversa índole, o a las sátiras literarias. Armas que desde antiguo han sido las predilectas de intelectuales, gente con talento o sencillamente gente que quiere expresarse libremente. Y no es casualidad que hayan sido de las cosas prohibidas por dictaduras y eclesiocracias a través del mundo y la historia del mismo.

¡Maldito nacionalismo!

¡La tierra es mi patria, y mis compatriotas la humanidad!

¡No hay país libre hasta que lo sean todos (y si quieren permanecer esclavos, pues no se quejen de su tiranito de turno y jódanse o hagan algo)!

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