El Libertario # 60 “Castígalos, No votes”

por J. O. Guevara


Nueva difusión: El Libertario # 60

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Sí, lo uno y lo otro, resultan ser la misma miasma

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El anarquismo es una corriente principalmente apolítica. Apolítica dentro del contexto de las democracias liberales actuales y los regímenes de gobierno que se le aproximan. Una democracia liberal es un Estado definido constitucionalmente funcionando bajo un Estado de Derecho, con elecciones y derechos civiles, económicos y políticos garantizados -esto puede variar-.

El área de atención del anarquismo, ha sido principalmente el individuo y su entorno político cercano, la comunidad. Acá donde la “política anarquista” no es más que la política llevada a su nivel primigenio. Y este nivel es en el que (personalmente así lo pienso) funciona la democracia de mejor manera maximizando sus beneficios y disminuyendo sus costes. Sin la ilusión del parlamentarismo nos evitaríamos leyes inconsultas e injustas herencia del centralismo tradicional venezolano, así como fomentar el desarrollo de la autonomía de las regiones y comunidades (lamentablemente el colectivismo obtuso del chavismo ha impreso en la mayoría de la oposición un nada saludable miedo al desarrollo comunitario y local -lo de comuna = comunismo-).

El esquivar el voto no significa un negacionismo nihilista. Ni mucho menos. La búsqueda de alternativas libres de coacción, en donde los seres humanos se puedan desarrollar de manera libre es algo primordial si se quiere considerar una estraregia abstencionista. La vida moderna ofrece ejemplos en donde en determinados ámbitos, el orden espontáneo surge contra la imposición estatista. El voto, a mi manera de ver es una forma ineficiente que ayuda a perpetuar al Estado y la clase política como entes parásitos de la sociedad productiva. Así como no se condenaron a los empresarios mercantilistas (que hoy son opositores furibundos) y políticos que bajo el puntofijismo hicieron y deshicieron. Bajo la “revolución” la cosa no parece ser distinta, solo que ahora los privilegiados por la maquinaria estatal visten corbatas rojas.

El anarquismo hace hincapíe en su lema “no queremos amos ni gobernados”. Algo que parece que el proceso revolucionario actual no entiende, y pasa por regimentalizar y disciplinar un intento de revolución que no pasa de ser un torpe capitalismo-mercantilista compinche y ladrón, junto a una mezcla loca de nacionalismo, socialismo, anti-imperialismo, militarismo, rancio colectivismo y resentimiento divisionista como principal arma política.

Wendy Mc Elroy explica de buena manera esta discusión para determinar el carácter general del anarquismo (específicamente en su versión individualista) sobre el apoliticismo propio de esta corriente ideológica:

El tema subyacente detrás de la teoría del anarquismo individualista era la primacía del individuo y el compromiso para liberar a la sociedad de todo excepto de la fuerza defensiva. Y el tipo de fuerza al que esta doctrina se opuso más ruidosamente fue a la actividad política. Es decir, el sufragio y la política electoral. Cualquier participación en la misma era considerada una violación de los principios libertarios.

En palabras de Tucker: “Si algún dubitativo amigo de Liberty está contemplando la posibilidad de violar sus principios anarquistas para votar sólo por una vez, puede que estas palabras de oro de Compromiso de John Morley lo hagan recapacitar y despierten el mejor lado de su persona: ‘Un principio, si es legítimo, representa la conveniencia más grande. Abandonarlo por causa de alguna pequeña conveniencia del momento equivale a sacrificar el mayor bien por el menor, por la no muy honrosa razón de que el menor está más cercano.‘”

Un llamado a evitar la falsa polarización y construir alternativas posibles, reales y libremente aceptadas (evitando reproducir el ejemplo violento del Estado y de su comportamiento coactivo y exclusivo). Nosotros, los anarquistas (seamos de la tendencia que seamos), nos vemos llamados por principio a recuperar la autonomía; todo esto como lucha clave para la construcción de una sociedad que corresponda con el deseo de la preservación de la vida, la paz generalizada, y la libertad como realidad tangible para todos.

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