Dime con quien andas y te diré quien eres. (Chávez y el último dictador de Europa)

por J. O. Guevara


Tomado de infobae.com

El excéntrico presidente de Bielorrusia inicia su cuarto mandato. Nostálgico de la URSS, desprecia la integración europea y reprime a sus opositores de forma sistemática

El Muro de Berlín cayó hace 21 años, pero Bielorrusia iza aún la bandera bolchevique. Desde que ganó su primera elección en 1994, Lukashenko fue un celoso garante del legado soviético en el ex satélite del Kremlin. “Somos un país nostálgico de la Unión Soviética”, asumió ante la Duma. Hay una razón: durante años, el presidente ancló un férreo dirigismo estatal -el 80% de las empresas son del Estado- en el suministro subsidiado de gas y petróleo rusos.

Apenas ganó la presidencia, el ex líder granjero hizo los primeros gestos que le valdrían el mote de “último dictador europeo”. Sostuvo que la política interior de Hitler no había sido “del todo mala” para Alemania. En 1995, ordenó personalmente derribar a un globo aerostático estadounidense que había cruzado la frontera bielorrusa por error, durante una competencia deportiva. Los dos pilotos a bordo murieron.
Un año más tarde, Lukashenko dio el primer paso hacia la eternización en el poder. Convocó a un referéndum para disolver el Legislativo y extender de cuatro a siete años el mandato presidencial. No lo preocuparon las denuncias de fraude de los observadores internacionales. Completó su estrategia en 2006, con otra sugestiva reforma constitucional que lo habilitó a la reelección indefinida.

Volvió a aplicar su fórmula esta semana. Luego de un comicio plagado de irregularidades -obtuvo un improbable 80% de los votos- (ver nota relacionada), dictó una represión brutal contra los manifestantes que protestaban por los resultados en Minsk yarrestó a siete de los nueve candidatos opositores. Uno de ellos fue hospitalizado con una herida profunda en la cabeza.

“Siempre aparece cuando hay un triunfo de por medio para que la victoria se asocie con él”, dijo al diario español El Mundo la periodista bielorrusa Svetlana Kalinkina. Lukashenko combina la dosis de represión con golpes de efecto típicos de los caudillos populistas. En 2006, le regaló pistolas a los tenistas de su país que disputarían la Copa Davis. En ocasiones, prefiere lucir un palo de hockey en lugar del cetro presidencial.

Hizo del aislamiento internacional una política de Estado. Reniega de la integración europea, aborrece a Occidente y expulsó a varios embajadores extranjeros. Por su pobre desempeño en materia de derechos humanos y libertades civiles, Bielorrusia está suspendida como miembro del Consejo de Europa y excluida del programa de nuevos vecinos de la Unión Europea.

EEUU incluyó al país en el eje del mal, luego de que Minsk se jactara de exportar armas a Irán e Irak a fines de los noventa y propusiera a los ex URSS formar una unión eslava contra la OTAN. Tampoco eso importó a Lukashenko. Al menos no hasta que, meses atrás, Moscú dejó de subsidiar el envío de gas y petróleo a Bielorrusia.

Desde entonces, el pragmático presidente promete medidas democratizadoras que nunca llegan a Washington y a la UE, al tiempo que se acerca a China y Venezuela en busca de alternativas energéticas. En efecto, Hugo Chávez visitó a Lukashenko en su última “gira ideológica” por varios países aliados.

Pese a todo, el presidente tiene qué ofrecer a buena parte de los bielorrusos que apoyan su gestión. El terrorismo separatista, que conmociona a Rusia y a otros ex satélites, no es un problema en Bielorrusia. Existe cierta estabilidad económica y, aunque en las zonas rurales se vive modestamente, el desempleo se mantiene a raya y no hay muchos empresarios que inclinen la balanza de la desigualdad.

El régimen opresivo, sin embargo, opaca los éxitos parciales. Nadie olvida que, en 1999 y 2000, Lukashenko fue acusado de desaparecer a tres referentes opositores y a un periodista. Cuatro altos funcionarios del gobierno fueron involucrados de manera directa en el caso. Se habló de escuadrones de la muerte que perseguían a los disidentes; Bielorrusia es, de hecho, el único país de Europa donde rige la pena capital.

La caza de brujas alcanza también a la prensa. La administración suspendió decenas de publicaciones. La tirada total de los periódicos independientes no llega a los 250 mil ejemplares, mientras que el pasquín oficial Bielorrusia Soviética imprime 800 mil.

El mandatario controla todos los resortes necesarios para seguir en lo más alto de Minsk. En las protestas del lunes, sin embargo, un detalle llamó la atención: la mayoría de los manifestantes enardecidos eran jóvenes. El discurso paternalista del último dictador de Europa no parece conformar a las últimas generaciones, que quizás abran la grieta hacia la apertura de Bielorrusia. Por lo pronto, Lukashenko comienza su cuarto mandato.

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Más información sobre la joyita esta.

Y por supuesto, como olvidar la elegante muestra de simbolismo fascista (que no se diferencia demasiado del comunista, por cierto) en el desfile del 19 de abril de este año:

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Y sí, le dije solapadamente a Chávez “Dictador” al asociarlo con el enfermo de poder de Lukashenko. ¿O es que acaso es manía de comandarlo todo, esa mentalidad cuartelaria, el discurso ramplón que usa al pueblo cuando le conviene y como le conviene para obtener votos, las relaciones extrañas con gobiernos liberticidas (Irán, Cuba, China), y los poderes extraordinarios otorgados por las focas de la AN moribunda (la ley habilitante por 18 meses) no quieren decir eso?

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