¿Que es la navidad para un no-creyente?

por J. O. Guevara


Por Dan Barker. Co-director de la Freedom From Religion Foundation y ex pastor protestante.

Este fragmento es parte de su libro "Perder la Fe en la Fe" (hay una edición en español en la página de la fundación, para quien le interese) y está visto para un contexto estadounidense en donde el ateísmo y el agnosticismo está (relativamente) mal visto y en donde los cristianos más sociópatas, bibliólatras y ultra-conservadores (tipo Sarah Palin) intentan manipular la legislación (o directamente desconocerla) para enseñar ridiculeces no demostradas como el Creacionismo o intentar violar la separación Iglesia-Estado a su exclusivo beneficio. Todo esto (parece) al contrario de Venezuela (por lo menos no he recibido amenazas de muerte, ni demasiados intentos de lavado de cerebro 24/7 -ejem. predicaciones-) en donde, por lo menos te miran raro (suelen ser mayores), te preguntan por curiosidad, o simplemente te mandan al infierno si no les das la razón. 🙂

Ah claro, y los clásicos sermones de la Conferencia Episcopal cuando se tocan temas controversiales como el matrimonio gay o el aborto… En realidad, hay un montón de violaciones hacia la aconfesionalidad del Estado, pero son tantas que prácticamente se volvió costumbre (belenes en instituciones públicas, Chávez mentando a Jesús de manera proselitista cada vez que puede).

En fin. Con todo y el atosigamiento de vivir en una sociedad mayoritariamente teísta, en donde aprovechan hasta la sopa para hablarte del supuesto "amor de dios", acá va mi contribución. ¡Oiga, que también existimos!

Querido cristiano:

Otra vez es esa época del año: luces de colores, villancicos, acebo, renos, belenes. No podemos evitarla. Creamos o no la historia, estamos rodeados por vuestra enorme fiesta de cumpleaños de Jesús. Es como si diciembre fuera un "territorio" cristiano, y a cualquiera que critique el mito o proteste por los rituales públicos se le tacha de intruso.

¿Alguna vez te has preguntado cómo nos sentimos los "intrusos"? Tú celebras la navidad, nosotros no. Los ateos, agnósticos, humanistas seculares y otras minorías también somos ciudadanos americanos. Pagamos nuestros impuestos, trabajamos duro, votamos, nos sentamos en el jurado, servimos en el ejército, hacemos trabajo voluntario, contribuimos a la caridad y nos esforzamos por mejorar la vida; y sin embargo durante las Fiestas se nos hace sentir como ciudadanos de segunda clase. Nos damos cuenta de que América es una nación de diversidad, y reconocemos vuestro derecho a adorar lo que para vosotros es significativo, y aunque no estemos de acuerdo filosóficamente, apoyamos vuestra libertad de expresión religiosa.

Pero en algún sitio hay que trazar el límite. La Constitución traza ese límite por nosotros: "El Congreso no hará ley alguna con respecto a la adopción de una religión o prohibiendo el libre ejercicio de ésta". Jefferson dijo que esto levanta "un muro de separación entre la iglesia y el estado". En otras palabras, puedes celebrar la navidad, pero no me obligues a participar en tus rituales gastando los dólares de mis impuestos o usando edificios públicos, escuelas públicas ni promoción pública para ayudarte a celebrarla. Si tú amas a Jesús, adóralo con tus propios medios.

Déjalo al margen del gobierno. ¿Qué te parecería si se dejase aparte una décima parte de cada año para la proclamación nacional del ateísmo? ¿Qué pasaría si los mandatarios públicos anunciaran felizmente la "Buena Nueva" de que Dios es un mito y que Jesús es una fábula? ¿Qué pasaría si estuvieras rodeado de eslóganes anticlericales e himnos humanistas desde noviembre hasta enero, y te hicieran sentir como un Scrooge por no unirte a la fiesta? ¿Querrías que los dólares de tus impuestos apoyasen esta descortesía?

La gente se ha puesto alegre en diciembre durante milenios sin Jesús. El solsticio de invierno es el día con menos horas de sol en el hemisferio norte, cuando todo se hace oscuro y frío y se da la bienvenida a la promesa de un año nuevo. Cuando la mayoría de los árboles se despojan de su hojas, los árboles de hoja perenne nos recuerdan nuestra esperanza de que la vida continúe. La mayoría de las culturas tienen celebraciones con luces que anuncian el nacimiento del bebé, el año nuevo. Prácticamente ningún erudito cree que Jesús naciese en diciembre, si es que llegó a nacer. Los cristianos simplemente han robado la navidad. Durante el siglo primero los romanos festejaban el nacimiento de Mitra, el Salvador que nació en una cueva el 25 de diciembre.

Los cristianos, ávidos de hacer su nueva ideología digerible para el mundo antiguo, simplemente impusieron su nueva mitología sobre las antiguas prácticas paganas, cambiándolas muy poco. La mayoría de los no creyentes de hoy seguimos uniéndonos a esta tradición natural del año nuevo. Mi familia decora un árbol del solsticio, intercambia regalos, disfruta de comidas festivas y música alegre. Hasta cantamos villancicos por su belleza y nostalgia, aunque solemos echar unas risitas con la letra. Algunas de las melodías, como "Greensleeves", originalmente eran seculares, después de todo. "Es esa época del año", una oportunidad magnífica para expresar el amor familiar y para marcar el paso de otra etapa de la vida. Los cristianos no tienen la exclusiva de esos valores.

Todos (salvo el tendero) se quejan de la comercialización de la navidad. Los librepensadores estamos de acuerdo en que convertir las creencias personales en un espectáculo público, una "religión civil", tiende a quitarles valor. Cualquier tolerancia que pudiéramos conservar hacia vuestros festivales sagrados queda sofocada bajo la música monótona, las exhibiciones chillonas y el jaleo de "todo a un euro". ¿De verdad esperas que esta sobredosis de chabacanería va a convencernos de subir a bordo? Puede que no te importe. Quizás disfrutas animando a tu religión favorita, como a tu equipo de fútbol favorito. O quizás te parezca que las navidades son tan especiales que todos las vamos a celebrar nos gusten o no.

¿Alguna vez te ha pasado por la cabeza que muchos de nosotros no nos regocijamos al ver un belén? Nos ofende profunda y moralmente la implicación de que todos somos pecadores corruptos que merecemos el tormento eterno, que necesitamos un salvador. El niño del pesebre nos sugiere que hemos herido la vanidad inestable de un Creador megalómano y que nuestra única esperanza es someternos a este Amo vengativo. ¡Esta grosería es de grado superlativo!

Ningún americano toleraría un monarca absoluto. Expulsaríamos al vago. Nuestra Revolución se basó en la falta de respeto a la autoridad impuesta. Somos una gran nación, en parte a causa de los valores de individualismo a ultranza, el mercado de ideas abierto y un odio sin concesiones a la tiranía. Quien se apresura a arrodillarse ante el Amo es un esclavo, no importa lo chévere que haya sido de niño.

¿Qué es la navidad para un no creyente?

El llamado Príncipe de la Paz dijo "No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada". ¡Esas son palabras de lucha! No es extraño que el mundo no esté en paz después de diecisiete siglos de cristianismo. Quienes se fijen en cuánto del sexismo moderno emana de las páginas patriarcales de la biblia se darán cuenta de que no puede haber paz en la tierra hasta que haya buena voluntad hacia las mujeres.

No necesitamos una Figura Paterna celestial; necesitamos respeto entre nosotros, compasión hacia los que sufren y justicia para todos sin tener en cuenta la raza, el sexo, la edad, la nacionalidad o la religión. A la luz de este alegato en favor de la paz, puedes preguntarte por qué los no creyentes no desistimos. ¿Por qué nos quejamos sobre los belenes en lugares públicos y emprendemos acciones legales contra la religión en las escuelas? ¿Pero es que no lo ves? No intentamos imponer eslóganes ateos al gobierno. Simplemente queremos que desistas tú. Nadie te dice que no puedas adorar. Nadie te arrastra fuera de tu banco de la iglesia.

Nadie protesta legalmente de los pesebres del jardín delantero de tu casa o en el estacionamiento de tu iglesia, o de los símbolos navideños en los centros comerciales o bancos de propiedad privada. Nuestras únicas quejas constitucionales involucran a las instalaciones de titularidad pública, como la oficina de correos, la escuela pública, el juzgado, el ayuntamiento y el parque municipal. ¿Ves la diferencia? Tu religión y tu propiedad te pertenecen; el gobierno nos pertenece a todos. Nuestro gobierno se supone que es imparcial en todos sus niveles con respecto a la religión.

Algunos cristianos, incapaces de distinguir entre neutralidad y hostilidad, se sienten personalmente ofendidos cuando tenemos éxito al eliminar un belén del edificio del capitolio de un estado. Jesús mostró la misma paranoia cuando dijo "Quien no está conmigo está contra mí" (o "quien no recoge conmigo, desparrama"). Pero en un mundo de diversidad y fervor religiosos, la neutralidad en el gobierno es la única forma de tener verdadera paz en la tierra. Los cristianos no son los dueños de diciembre. ¿Por qué no sacamos todos provecho de este servicio de boquilla a la "buena voluntad" y practicamos lo que predicamos? Vamos a mostrar un poco de consideración hacia los sentimientos de todas las personas manteniendo separados al estado y la iglesia.

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¡Política con Complejos le desea unas felices fiestas y un próspero año nuevo!

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