Consideraciones acerca del fin del mundo (y van…)

por J. O. Guevara


¡Alerta! ¡Alerta! El mismo señor que nos prometía un final apocalíptico (literalmente) el 21 de mayo ahora corrige la fecha y dice que será en octubre (concretamente el 21).

Ok. Sí, da risa y todo lo demás. Pero mejor me voy por partes y empiezo a analizar el porqué de esto:

1- ¿Que sentido tiene todo esto del fin del mundo?

Es decir, este dios, que crea un mundo perfecto en seis días… luego de cagarla al no ponerle un vigilante competente (¿y no es que está en todas partes?) a los primeros hombres que terminaron comiendose una jodida fruta que terminó condenando a toda la humanidad (bonita justicia esa de condenar a miles de millones de personas por algo que no hicieron). Luego de miles de años de sufrimiento, desmanes cometidos por su pueblo (afortunadamente casi todos inventados) viene y deja a su hijo (que resulta ser él mismo) en la tierra (me imagino que los de Alfa Centauri ni pendientes) para arreglar las cosas.

Vienen y lo matan (Un dios que muere y sufre… ¡Interesante!) en un espectáculo horrorosamente gore (y de nuevo, los humanos en conjunto tenemos la culpa de ello), para luego prometer venir en una fecha no especificada* para matar a todos los que no creyeron en él en una cruenta y épica batalla con bestias y dragones (Armagedón) y mandar a los fieles a un paraíso de ultratumba con televisión con cable e Internet incluídos a alabar a Dios por la eternidad (signifique lo que signifique eso). Una historia dolorosamente unidimensional, ególatra, innecesariamente alargada (aunque para este ser “mil años son un día”, y eso) y por supuesto… terriblemente sufrida para nosotros los muñecos hijos de Dios.

Desde el punto de vista de un ser humano débil e imperfecto, esto es totalmente ridículo. Ridículo porque es demasiada parafernalia para arreglar un problema derivado de comerse una manzana sin permiso. No es más que especulación en el vacío propia de tiempos en donde no se sabía como crecían las plantas, como iluminaba el sol o que causaba la epilepsia.

Es la religión como explicación total… Un práctico antecedente de la ciencia y sus diversas ramas; ya que explicaba de manera convincente (para la época) el origen del universo, el papel de los humanos en él y diversos fenómenos naturales y sobrenaturales, incluído el denominado “fin del mundo”, quizá influenciado por esa percepción que tiene toda generación de ser “especial” de alguna manera, junto con las habituales (y supersticiosas) interpretaciones de mal augurio de fenómenos de origen desconocido como los cometas, volcanes, plagas y terremotos.

El papel de la Biblia era el de “dar sentido”, en todas sus acepciones (dar sentido a la existencia, y conducir a las gentes por el camino adecuado)… Hoy, (en mi opinión) no hace mucha falta teniendo explicaciones convincentes y evidentes de casi todos esos procesos (algunas más desarrolladas que otras, y todas imperfectas, pero perfectibles). Básicamente; es ignorancia de tiempos pasados tomada en serio como certeza actual.

Si alguien se cree toda esa locura pura y dura de manera literal, es su problema, no el mío.

2- ¿Que moral hay en anunciar el fin de toda la existencia a manos del amigo imaginario de moda? Es básicamente tiranía celestial. Autoritarismo cósmico. Si tu moralidad deriva de adorar a quien tiene “el mayor poder”, no debería diferenciarse demasiado de adorar a Hitler o a Stalin. Aparte de los problemas lógicos y morales que se derivan de postular a un dios omnibenevolente y la existencia de un castigo eterno para quienes le desobedecen.

El poner como fuente a Dios de los valores morales humanos no es demasiado diferente a ponerlos en la confianza de un secador de pelo. Con la diferencia de que la existencia del secador de pelo se puede constatar. Aparte de lo aparentemente insensato, el riesgo mayor radica en poner las decisiones morales en “otra mente” que decida por nosotros bajo otra perspectiva (de la cual no se dan muchas razones para sostenerla) que suele ser unilateral. Es dejar que alguien piense por nosotros para su capricho (o para que lo alaben y amen), lo cual es una absoluta traición a la libertad humana y al mismo amor.

3- ¿Este señor ha tenido la molestia de leer sus propios libros sagrados con atención?

En cuanto se refiere a ese día y a esa hora, no lo sabe nadie, ni los ángeles de Dios, ni siquiera el Hijo, tan solo el Padre.

Lo anterior fué el versículo 36 del capítulo 24 del libro de Mateo (Biblia Pastoral Católica); y quien se supone que habla es Jesús de Nazaret** citado por el evangelista***… Así que es bastante difícil encontrar una órden o advertencia más directa que esta.

Y antes de que me acusen de “descontextualizar” el Nuevo Testamento (una excusa bastante común de cristofrikis hacia ateos e irreligiosos), coloco acá los fragmentos inmediatamente anteriores y posteriores del capítulo 24 de Marcos referentes a “la llegada del Hijo del Hombre” (versículos 29 al 58):

Porque, después de esos días de angustia el sol se osurecerá, la lina perderá su brillo, caerán las estrellas del cielo y el universo entero se conmoverá. Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre; mientras que todas las razas de la tierra se golpeen el pecho, verán al Hijo del Hombre viniendo en las nubes del cielo, con el poder divino y la plenitud de la gloria.

Mandará a sus ángeles, los cuales les tocarán la trompeta y reunirán a los elegidos de los cuatro puntos cardinales, de un extremo a otro del mundo.

Aprendan este ejemplo de la higuera: Cuando están tiernas sus ramas y le salen hojas, ustedes entienden que se acerca el verano. Asimismo, cuando noten todas estas cosas que les dije, sepan que ya está cerca, a la puerta. En verdad les digo: No pasará esta generación sin que sucedan estas cosas. Pasarán el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasarán.

Acá viene la parte que fue citada anteriormente (el versículo 36). Luego sigue en el 37 hasta el 58:

En la venida del Hijo del Hombre sucedará lo mismo que en los tiempos de Noé. En aquellos días que precedieron al diluvio, los hombres seguían comiendo, bebiendo y casándose, hombres y mujeres, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y no se daban cuenta, hsata que vino el diluvio y se los llevó a todos. Lo mismo sucederá en la venida del Hijo del Hombre.

Por eso, estén despiertos, porque no saben en qué día vendrá su Señor. Fíjense bien: Si un dueño de casa supiera a que hora lo va a asaltar el ladrón, seguramente permanecería despierto para impedir el asalto de su casa. Por eso, estén alerta; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos piensan.

¿Quién será el servidor fiel y prudente que su señor ha puesto al cuidado de su familia para repartirles el alimento a su debido tiempo? Feliz ese siervo a quien su señor al venir encuentra tan bien ocupado. En verdad les digo: Le confiaría la administración de todo lo que tiene.

Al contrario, el servidor malo piensa: Mi señor demorará. Y empieza a maltratar a sus compañeros y a comer y a beber con borrachos. El patrón de ese servidor vendrá el día en que no lo espera, y a la hora que menos piensa. Su patrón le quitará el puesto y su suerte será la de los hipócritas: Allí habrá llanto y desesperación.

Lo que sigue es básicamente la parábola de los diez jóvenes, relacionada con esta temática (No me esperaron, pues jódanse).

Lo dicho.

Este tipo no sabe en que se está metiendo. Juega con la confianza, la salud y hasta el dinero de quienes creen en él, y por supuesto; hace caer en verguenza a las comunidades cristianas y vuelve a añadir otra equivocación a la enorme lista de supuestos advenimientos. Un charlatán más.

No es que esté defendiendo a capa y espada la posición de los cristianos decentes. Tienen todo el derecho de creer que va a venir su dios y va a volver este mundo un absoluto desastre para preparar su apocalíptica venida para que todos los habitantes del planeta le besen los pies y se arrodillen ante él y su ley.

Eso sí. Yo también tengo el derecho a criticar ese mito rancio, ya que, si bien no son tan escandalosos como Camping; sus creencias están insertas dentro de la mitología cristiana, y para ser coherentes con ella se vuelve imperativo el creer en la Segunda Venida como requisito fundamental para la “salvación” de los hombres.

Y también tengo derecho a criticar ese mito, especialmente cuando sale de la mente de los amables creyentes y se convierte en una arma abusando de la confianza de los crédulos dentro de estas sectas apocalípticas. O si no, pueden ver que pasó con el primer aviso del Sr. Camping.

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*Lo de la fecha lo digo porque, como notarán los lectores más avispados, en el versículo 35 dice que “no pasará esta generación sin que sucedan todas estas cosas” (el fin del mundo) y me pongo a pensar que la dichosa generación que verá a Jesús será la generación a la que fué destinada estos libros por primera vez, es decir, a los contemporáneos de Jesús y de quienes escribieron esto. Ya pasaron… Y nada.

Esto tiene que ver con lo que fué el cristianismo primitivo; una religión de misterio (vean si no, las frecuentes parábolas y el evitar dar instrucciones o lecciones directas), centrada en la muerte del líder y su inminente resurrección. La posterior elaboración teológica viene por el agotamiento de la esperanza de la segunda venida y la puesta en mira al mundo real (hay gente que enseñar, a la que hay que gobernar, torturar).

La religión cristiana empieza a enfocarse como organización terrenal dada a regular de manera activa la moralidad ajena y sus prácticas eucarísticas internas cuando agarra el poder gracias a la larga decadencia del Imperio Romano y su puesta como religión oficial de la mano del emperador Teodosio y su famoso Edicto de Tesalónica. Es la época de Marción, las herejías, el de si consideramos a los unitarios como gilipollas o no… Una época interesante si se era cristiano.

Al final, no tiene ningún sentido decir que el versículo se refiere a la actual o a “cualquier generación” (o que en realidad no está determinada). Si es así, entonces al final ninguna generación será la que verá venir a Jesús-Colega. El texto es claro. Se refiere a los contemporáneos de Jesús y los apóstoles… No hay segunda venida que valga.

** Algo interesante en este versículo. Si se fijan con atención. La fecha no la sabe nadie. Ni siquiera el Hijo; tan solo el Padre. De ahí concluyo que Dios es bipolar o padece de esquizofrenia. Se supone que Jesús-Colega es Dios mismo, ¿no?. Si uno mismo no sabe lo que sabe uno mismo entonces… Ese invento de la Trinidad si que complica las cosas.

Enseriar las cosas en este versículo de manera mas o menos racional supondría sostener que el Hijo es algo diferente al Padre… Vamos, que Jesús no es Dios Padre. Algo que por supuesto es una herejía de las gordas y un ataque directo al núcleo de la teología cristiana y que ningún cristiano que se llame como tal, debería considerar.

*** Sí, ya sabemos como funciona esto: Muy difícilmente los que escribieron el Nuevo Testamento pueden ser considerados “testigos oculares”. El NT es básicamente copia, de copia, de copia, de copia de los originales (que básicamente no los tenemos), y el poco fiable sistema de copia y redacción en la antigüedad (una sociedad analfabeta en su mayoría y con copistas propensos a errores escribiendo en griego antiguo -que no se escribía con espacios entre las letras-) hace que los estudios bíblicos respecto al tema sean dificultosos. Para más detalles sobre eso, pueden leerse a Bart Ehrman

Post Data: Si esta entrada les suena bastante al artículo citado en el segundo hipervínculo (Otro fin del mundo… y van), pues sí… Este post está basado groseramente en ese artículo de Alerta Religión (por cierto, recomiendo el sitio). Si los cristofrikis pueden repetir hasta el cansancio avisos de fin del mundo; tambien se puede repetir y ampliar información contra este grosero lavado de cerebro. 😉

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