Aparentemente se hizo justicia (caso Gadaffi)

por J. O. Guevara


La noticia del día. La muerte de Muammar Al Gadaffi (o como se escriba) y el paseo de su cadáver en manos de rebeldes.

Sí, los videos son fuertes.

Y parece que resurge un “nuevo” dilema moral. Y lo pongo en comillas ya que tenemos desde 1789 mas o menos pensando en que hacer con los líderes impopulares y su pueblo descontento.

1- Con Gadaffi muerto, la resistencia evidentemente pierde un gran apoyo y a su líder; probablemente seguirá y lo más rentable para ellos es hacerle la vida imposible al CNT a base de guerra de guerrillas… Pero si no hay nadie a quién poner encima de la mesa pues…

2- El impacto psicológico también se siente en Europa. Despúes de haberse deshecho del antiguo cliente, ahora tendrán mayores expectativas para negociar con un CNT en deuda con Europa. El fin de las hostilidades si bien no acaba (es probable de aquí a varios meses o años, conseguirse con milicianos, atentados y cosas así si no se ejerce un efectivo monopolio de la violencia).

3- No voy a negar mi pie que cojea. No me cae (caía) bien Gadaffi y gentuza como él; pero (el dilema moral del que hablaba antes) me induce a preguntarme ciertas cosas.

¿Es legítimo que el pueblo asesine a su gobernante si este le hace mal?

¿El tirano merece que se le respeten sus derechos humanos (sí, hago esa pregunta porque precisamente mucha gente se la hace)?

Bien. Si entendemos que los derechos humanos son imprescriptibles e inalienables (es decir, no caducan, no ceden y no se pueden prestar, alquilar, perder o vender, et cétera) Gadaffi merecía un juicio justo y que fuera condenado por sus crímenes. No por algo nos ufanamos de nuestro sistema a la occidental de juicios realizados por cortes y jurados. ¿No?

Ahora, ¿porqué hago énfasis en el respeto al sistema de derechos humanos?

Primero, este sistema no recoge una serie de esencias atrpadas en algún lugar platónico y metafísico. Los derechos humanos son simples condiciones (ideales) específicas de existencia humana, y como la misma existencia, pueden variar, y como la misma existencia, pueden desaparecer (ser irrespetados).

Los derechos humanos son puestos a prueba todos los días, y en cada momento en los cuales su letra choca con la realidad.

Segundo, el origen del sistema contemporáneo de derechos humanos es impulsado básicamente por aquel funesto hecho denominado “Holocausto”.

Ok, ok, los mongoles proporcionalmente mataron a tanta gente que los nazis y eso en el siglo XIII. Pero resulta que (casi) mil años de civilización occidental y doscientos de Ilustración (y especialmente la sangre vertida por el orgullo nazi) prendieron la consciencia de la mayoría de los habitantes de las democracias occidentales vencedoras de la Segunda Guerra Mundial y (temporalmente) a sus líderes.

De allí los juicios de Nuremberg y la importancia del respeto al debido proceso; cosa que (obviamente) no se hizo, y los rebeldes nada más repitieron un viejo episodio de la clásica violencia societal humana, solo que armados con fusiles AK. Apartando el hecho de que tanto rebeldes como gadafistas han sido acusados de violaciones a los DDHH.

El problema con las revoluciones violentas es que, básicamente, terminen tragándose a quien las inicia o apoya, ya sea a sus líderes o al pueblo mismo.

La espiral de violencia incontrolada puede expandirse mediante el aumento inesperado de armas en manos de civiles (Venezuela, así lo demuestra), y si los rebeldes no se ponen de acuerdo entre sí y no se crean instituciones nuevas y fuertes, el riesgo de una guerra civil continuada es (terriblemente) plausible.

Ya no hay oportunidad de juzgar al tipo que amenazaba a las “ratas”. La gente que lo apoyaba quizá vea mas económico no arriesgar sus vidas y unirse al CNT (en especial los anteriores altos cargos khadafistas). Solo esperemos que esta situación no desmejore y no pasen de una dictadura árabe-socialista-desquiciada a una dictadura integrista o a una perpetua anomia (cual Somalia)… y lo peor, es que puede fácilmente desembocar en este tipo de cosas.

Es lo que pasa cuando tienes un dictador y lo sacas a la fuerza. Estamos en la realidad y las soluciones color de rosa o “que suenan muy bien en el papel” no suelen servir. Es necesario asegurar las condiciones posibles para el respeto generalizado a los DDHH como garantía de una vida digna para todos los individuos que conforman una sociedad, y eso pasa por la vigilancia democrática de los gobiernos (que no tribunales populares y ese tipo de cosas que han demostrado ser tan sanguinarias como los tribunales “de coña”) a través de instiuciones fuertes, ya sean voluntarias o públicas (mejor que mejor, una mezcla de ambas). Eso significa: Luchar por el derecho de organización, por una prensa libre, por el respeto a la formalidad de las leyes en su justa y comedida aplicación y a la resistencia a la tiranía política o económica.

A cortar de raíz todo régimen autoritario o totalitario lo más temprano posible, antes de que se expanda como un cáncer mediante la lucha institucional (usar las instituciones estatales o alternas para el fin deseado), política (aprovechar la competencia política para filtrar posibles elementos antidemocráticos y antilibertarios, contraeconómica (si es necesario) y comunicacional (luchar por la libre circulación de ideas). Esa es la lección de los nazis, y la lección que nos deja Gadaffi.

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