Subsidiemos la idiotez

por J. O. Guevara


Desde los trágicos eventos del Caracazo en donde el Estado petrolero mostró su cara más fea, se ha vuelto un asunto coloquialmente tabú el sugerir que en Venezuela haya un alza de los precios de la gasolina. Como somos un país productor, nuestro precio no está influenciado por el mercado sino por el Estado. Nos creemos con el derecho divino de tener gasolina casi gratis. “Si produjéramos muebles o tazas de porcelana, serían baratísimas. Por ello la gasolina debe ser barata“, se suele esgrimir contra los malvados capitalistas que quieren aumentar el precio.

Por si no se han dado cuenta, refresco la memoria. Vivo en un país en donde un litro de gasolina es más barato que un litro de agua. Concretamente el precio de la gasolina no varía desde 1996 (!!) y está fijado a 0,097 Bs./0,023 US$ el litro.

Hay que recordar que eso del subsidio no es nada más complicado que tomar dinero de los impuestos de los contribuyentes y pagar de manera parcial o total los costes de producción de algo, ya sean grupos de teatro, caraotas, o gasolina. Los Estados suelen subsidiar cosas para hacer que su consumo crezca. Una manera burda y sencilla de hacer crecer la economía vía gasto público. Aunque hay que considerar primero si gastar una millonada en subvencionar a fabricantes de tazas de porcelana es rentable a largo plazo, y segundo, si el Estado puede gastar ese dinero sin irse a la quiebra.

Pues el subsidio constante a la gasolina durante los últimos 17 años ha generado una serie de disfuncionalidades nada agradables para un país ya de por sí problemático.

PDVSA pierde 1.500 millones de dólares anuales por esta política torpe. A veces no me explico como no hemos quebrado todavía, pero allí vamos. Con el aumento mundial del precio del petróleo en la década del 2000 (somos una nación enferma a la holandesa) que explica gran parte del EEEEXITOO económico chavista y el crecimiento del PIB, la deuda puede manejarse hasta cierto punto.

El subsidio es la razón principal por la cual las mercancías suelen ser trasladadas en camiones, lo que ocasiona que el uso de trenes (más eficientes energéticamente) se vea desincentivado ¿Se preguntaban porqué no hay trenes en esta vaina? Allí tienen.

El bajo precio de la venta de la gasolina hace que no sea rentable, lo cual explica porqué las empresas privadas que surtían gasolina fueran administradas por el Estado desde 2008 sin demasiados problemas ni quejas por parte de ellas. Es como ponerse a vender aire, ¿te vas a volver rico con eso?

El contrabando a la frontera colombiana (la ley de gravedad existe y la gente actúa bajo incentivos) es también una manera de matar tigres todo gracias a que la gasolina venezolana es 20 veces más barata que la colombiana.

El parque automotor también sufre. El culto al automóvil individual es seña particular de nuestro país. Un muchacho de clase media se independiza no necesariamente cuando puede mudarse y vivir solo, lo hace al tener carro propio. Las ventas de vehículos “extrañamente” parecen coincidir con el aumento de los precios del petróleo y con el aumento de gasto público para hacer andar a la economía (aunque ya parece que no es así). Ciudades escasamente planificadas y de crecimiento desordenado contribuyen a las colas y a la proliferación en masa de motorizados (y estos se traen sus propios problemas).

Aún así, podemos esperar otro efecto no tan positivo. La existencia de un importante parque automotor envejecido. Los famosos camastrones americanos de los 70 y 80 que todavía pueden circular a sus anchas y con un coste ridículo gracias al subsidio. Tanto así que con las crisis económicas de los 80 y 90, este mercado pasa de manera desquiciada a revalorizar los autos viejos por sobre los mas o menos recientes.

Y algo que casi nadie comenta. El subsidio es en realidad un subsidio para “los ricos”… Verán. Aproximadamente el 30% de los venezolanos posee un automóvil particular y estos son los que más se benefician de los bajos precios. El resto se mueve por transporte público, y como está más distribuido, el efecto de dicho subsidio es menor. Si quieren proteger al poébloh de la especulación, la están cagando de maravilla con esta medida altamente regresiva. Sin contar el coste político por tratar (siquiera anunciar) de aumentar el precio en una sociedad drogada con gasolina y por eso ningún gobierno quiere tener esa papa caliente en la mano… No le vaya a pasar un segundo Caracazo.

Como dice ese pasquín imperialista del Nuevo Herald. Estamos pagando el costo de la gasolina barata. Y lo peor, la gente parece querer pagarlo a costa del bienestar presente y futuro.

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