¿Preocuparse por Diosa o no?

por J. O. Guevara


El fenómeno de Diosa Canales puede ser contestado desde muchas aristas, no en balde, somos muchos los (y las) interesados en esto, ya sea porque gusten las mujeres buenas, ya sea porque te den morbo, y (en mi caso) por simple curiosidad.

En un vulgar ejercicio de autoplagio, me cito en uno de los comentarios:

El fenómeno Diosa Canales no me llama mucho la atención, eso a pesar de que Diosa es atractiva. El asunto es el fenómeno de masas en el que se ha convertido. Tiene la total libertad de hacerlo al igual que media Venezuela tiene la total libertad de babearse cuando la ven en persona.

Otra vaina es el “ejemplo” que da a las mujeres, y respecto a eso, opino que mientras sean mejor vistos socialmente (y mejor pagados) puestos y profesiones como los técnicos, los educadores y demás, no me preocuparía demasiado que a un familiar, digamos mi hija, le de la gana de mostrar sus tetas para llamar la atención o para ganarse su vida a punta de ello. Al final, es decisión soberana de ese familiar. Y eso que no me he metido con el otro problema que se origina si consideramos a este exhibicionismo (pornografía incluída) como maltrato y cosificación de la mujer como una mera muñeca inflable.

Como que el fenómeno de las “socialité” tipo Kim Kardashian está en plena efervesencia en este país, que suele ser tan pacato y conservador en esos temas. No me extraña para nada que el morboseo público y notorio sea una respuesta ante esto, al igual que he leído a mujeres quejándose de Diosa y llamándola PUTA por exhibirse y tal. Esta vaina sería como cuando agitas una Coca-Cola… No vas a esperar que no haga nada al abrirla.

El Zeitgeist* está cambiando y nosotros con él. Y no todos cambiamos al mismo tiempo y de la misma forma.

*Espíritu de la época

Estamos hablando de un fenómeno llamado “socialité”, es decir, un nombre descriptivo de un fenómeno determinado: El ascenso social y la notoriedad pública dada por el dominio en las relaciones públicas. En este caso, por determinado tipo de reacciones públicas.

Como resabio de mi anterior ideología anarco-lo-que-sea, debo decir que me resbala profundamente el hecho de que es lo que haga la gente con su cuerpo. No poseo muchos prejuicios relativos al tema del atractivo sexual, y en virtud de mi ética consecuencialista, analizo los problemas por las consecuencias que estos traigan. Pensar que por culpa de la señorita Canales vamos a degenerar en una sociedad llena de putas, exhibicionistas, enfermedades, apocalipsis y tal, me parece un ejercicio mental no justificado de “pendiente resbaladiza”.

Hay cosas peores que suelen ocurrir en sectores oscuros de nuestro país (el fenómeno de quelacreo punto com es testigo macabro de ello), sin necesidad de que nadie muestre sus tetas al aire. La preocupación moralista respecto a esto, sinceramente, no la comparto. Hay cosas realmente podridas en este país (la comida en contenedores, para empezar) y la preocupación por este fenómeno me parece algo desproporcionada.

El sexo y el deseo por el atractivo sexual son naturales (es decir, que simplemente ocurren, no que sean buenos per se), y en este caso, el sexo en nuestro país, al igual que en todos lados está regulado por costumbres sociales influidas por muchos factores. Religión, alimentación, relación entre los miembros de la familia, el régimen matrimonial, y las nuevas tecnologías. La bondad del sexo deriva principalmente del placer, y como todo placer, depende de como sea llevado y que este no derive en consecuencias malas o perniciosas o nos termine esclavizando.

Es el simple cambio del espíritu de época el que hace generar esta serie de reacciones.. Estamos en un país relativamente conservador socialmente (niéguese o no, igual es un problema) y como tal, es natural que surjan opiniones que intenten conservar las costumbres dadas. Costumbres que aún así han ido cambiando debido a la continua influencia del Occidente desarrollado (principalmente Gringolandia) en nuestras percepciones culturales y estéticas. Costumbres que todos compartimos en alguna medida debido a que fuimos forjados bajo una misma fragua cultural más o menos entrelazada y con ciertos valores comunes (aunque con nuestras condiciones particulares).

Y téngase en cuenta que los valores son meras capacidades adquiridas para facilitar la socialización en el grupo, inculcados desde la familia y luego por el sistema educativo, eso antes de pensar por uno mismo y moldear dichos valores a nuestro propio juicio y autonomía moral.

Quizá lo chocante del fenómeno Canales es la vía alternativa y relativamente poco usada que usa para socializar. Manera que rompe esos compartimientos antes señalados, principalmente usando su cuerpo y su atractivo para promocionarse como una estrella… Cuando antes, digamos, la vía era más solapada en lo respectivo al ámbito del atractivo sexual. No en balde los concursos de belleza son un trademark venezolano y por algo son evaluadas las muchachas que van para allá (Nota: No son evaluadas necesariamente por las respuestas que dan al maestro de ceremonias).

La moraleja es: Los tiempos cambian, las maneras de dejarse ver, escuchar y sentir también, y no nos extrañemos que ese choque deje heridos. Es el choque entre una sociedad con una relación ambivalente con el sexo y esta florida demostración de una estrella del mundo de las relaciones públicas. Con esto no quiero causar demérito a quienes puedan pensar que las actitudes de Canales sean “impropias” o que está siendo usada como mero objeto sexual.

La actitud a evaluar es, si a la interesada precisamente haya escogido esto de manera voluntaria y de como lleve su vida personal al margen de ser la “socialité” que es. Hay que ver que el estrellato no es necesariamente una fuente inagotable de bienestar personal, que se lo pregunten a una tal Marilyn. Lo de que si es intrínsecamente malo el que se exhiba de la manera como lo hace, pues ya eso se lo pueden preguntar a algunas feministas, a los integristas religiosos, a los pacatos o a ese tipo de gente.

Ya yo tomé mi decisión. Cada cual hace de su culo un florero, y si el fenómeno Canales sigue, pues que lo haga. Allá quienes lo alimenten y se alimenten de él.

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