Chiabe, democracia y el caos. Reflexiones aleatorias.

por J. O. Guevara


Al establecer un gobierno para ser administrado por hombres sobre los hombres, la mayor dificultad reside en esto: Es preciso primero capacitar al gobierno para controlar a los gobernados, y en segundo lugar, obligarlo a que se controle a sí mismo” James Madison, Federalist Papers

Para empezar de la manera más pedante posible: La tradición politológica del siglo XX se ha caracterizado por el profundo impacto de las dictaduras de inicios-mediados del siglo XX (duh!), especialmente del tío Adolfo y de aquel gordito que le encantaba vestirse con camisas negras. El miedo al terror, al caos institucionalizado, al terrorismo de Estado basado en una ideología para idiotas. Ideología que simplemente se aprovecha de ese simpático sesgo humano el cual consiste en simplificar las situaciones y hechos ocurridos alrededor a nuestra conveniencia. De allí que uno grite y se ponga histérico cuando pasa lo que pasa. El pesimismo y la cautela, en suma.

Cuando los monarcas absolutos, los señores de la guerra y las religiones de Estado fueron apartadas de la política, se inaugura el mundo contemporáneo; la era de las Repúblicas constitucionales y toda esa paja a la que estamos acostumbrados. El mundo post-Revolución Francesa prometía la paz perpetua (Kant dixit) al sujetar el poder político a leyes, y las leyes sujetas a la voluntad del pueblo (y el pueblo, curiosamente, también sujeto a leyes). La historia parece que se terminó en 1789… Digo yo.

Mientras tanto las naciones dan tumbos, y mientras algunas están estables (mas o menos) nosotros vamos hacia atrás ¿Porqué lo digo?

Lo digo porque las discusiones políticas en nuestro país están degenerando hacia el punto de discutir si es necesaria una República Constitucional, o el porqué el Poder Popular es “necesario”, o que podemos vivir en una sociedad altamente tecnificada sin dinero a punta de trueque. algo parecido en política a discutir si el respetar la ley de gravedad es necesario para que llueva o algo así.

Junto a toda la bulla que si Chiabe ya pasó el páramo, que si Diosdado tiene una mansión, se está debatiendo (de manera totalmente irracional) la necesidad o no de todas esas zarandajas del Imperio de la Ley, y que hay que reemplazarlas por el paraíso terrenal y su receta para alcanzarlo. Receta dada dogmáticamente por un tipo que se murió hace 129 años. Todo esto en un bonito entorno plagado por los males habituales del actual periodo constitucional: Inseguridad, inflación, (in)justicia corrompida y aguda polarización política.

La crisis de los últimos treinta años nos ha traído este pasticho ideológico y mental llamado chavismo. No me voy a ir por explicaciones simplonas sobre si “nos faltan valores“, que “si la gente es idiota“, “que son unos pobres pelabolas los que votan por Chávez“. El affaire Chávez no es nada más complicado que una buena parte del país que reacciona ante un estado de cosas que no funcionan de la mejor manera en que lo sabemos hacer. Votar por un caudillo y por un mesías que mueva el aparato del Estado para sacarnos milagrosamente de la pobreza. No por nada la propaganda chavista vive inserta en el populismo más rancio al atribuirle cualidades sobrenaturales-amorosas-voluntariosas al poébloh, y claro está, a su máximo representante.

Problemas de path-dependency aparecen. En una sociedad tan borracha con petróleo, no es nada extraño el creer que taaanta riqueza haga salir al país adelante por solo su mera existencia. Es decir, no le puedes (por ejemplo) decir a una sociedad racista que deje de discriminar negros como si nada hubiera pasado. Por eso mismo los cambios sociales tardan bastante y a veces dicho cambio depende de que mueran los antiguos proponentes de las antiguas ideas… Algo como lo del flogisto.

De allí a saltar al mito de que somos el país más rico del mundo, que debemos votar a quien redistribuya la riqueza a todos y que a mí me toca parte de esa riqueza per se, no hace falta demasiado. Por cierto, ser un país que exporta petróleo no está correlacionado con ser una potencia mundial, sino más bien con ser una dictadura o con tener ingresos mediocres, y generalmente los países petroleros que actualmente no son sistemas disfuncionales, ya eran ricos o estaban en tránsito al desarrollo. Con el petróleo, Venezuela cree haber hallado un camino fácil a la riqueza y la continuación de las políticas redistributivas por parte del gobierno, y apoyadas por un buen segmento de la población, lo confirman.

¡Hola mejo!

Pero el dinero no solo hace la riqueza, necesita otro componente fundamental… Le llaman, estabilidad.

¿Como te sentirías si el día de mañana, el gobierno te quita la tierra en la que tenías un sembradío de papas con la excusa de obtener terreno para viviendas? ¿Como te sentirías si cada dos por tres hay rumores de golpe de Estado? ¿Como te sentirías si vas a vivir un futuro incierto luego de una elección presidencial, o si estás planificando para irte demasiao si gana un candidato o no?

Tenemos entonces que dicha estabilidad (de nuevo) está amenazada. Para empezar, somos una sociedad que posee una facilidad pasmosa para odiarse profundamente por puras mariqueras y apariencias; y si no me creen solo vean la gallera nacional que se formó por el documental Caracas: Ciudad de Despedidas. Como ya en panfleto han aparecido muy buenas reflexiones al respecto, mejor me voy por lo que me compete: Un ejemplo. Nuestro Mini-Me ha aprovechado el asunto de la manera más predecible para fomentar su causa. Lo único que puedo ver aquí es ese odio de clase racionalizado por la reflexión intelectual, odio que aspira a montar su cielo en la tierra mientras nosotros no comprendemos la voluntad de aquel líder “que trasciende las fronteras físico-temporales de este cuerpo“. Odio que, si le dejamos, puede exterminarnos simbólica o físicamente. Odio replicado en buena parte de la oposición. Lo último que necesita un país para progresar es odio entre sus ciudadanos…

Otro elemento bastante importante, y obvio, es que el poder político solo se ejerce de manera efectiva si se tienen los medios adecuados y si se está vivo. La probable muerte del presidente (mañana o dentro de cincuenta años, no lo sé) al ser un líder fundamentalmente carismático, con amplios poderes y sin un liderazgo capaz de sustituir su carisma, no puede generar otra cosa sino caos… Como tumbar una silla con una sola pata. Es probable que se desate el caos a menos que se formen instituciones que dirijan al país a buen puerto ¿Las hay? ¿Las habrá? ¿Cual será su origen? ¿Como podemos influenciarlas?

El Estado ahora se ve ilimitado en su poder, y busca su poder en la limitación del auténtico soberano. La voluntad popular… Que por cierto, no puede ser apropiada por corporación, institución, individuo, parcela, familia, sociedad, minoría o mayoría alguna, sino que debe ser voluntad del pueblo todo, expresada a través de sus representantes; lo cual presupone, concordia y diálogo entre las facciones que, naturalmente, existen en toda sociedad. Otra de esas sencillas lecciones que no se han aprendido y, como consecuencia, ahora la escolástica oficial llama a superar dicha “democracia burguesa”, cuando ni se dan cuenta que, prosperando a su sombra, la quieren matar para reemplazarla por, ¿por qué?

La democracia formal según Przeworski no es más que un sistema que se usa para que las élites políticas compitan entre sí ante el soberano por el poder político. Este sistema puede contribuir a que sean seleccionadas los representantes adecuados y que sean fiscalizados por el pueblo, y que (si se porten mal) puedan ser castigadas con la expulsión del poder político. Si todo funciona bien, si el poder económico no se mete en esto y las reglas se respetan, podemos empezar por construir un país decente.

Imperios colapsados, regiones en ruina, fronteras débiles, comuneros matándose entre sí, terrenos llenos de señores-de-la-guerra, todas estas formas de organización tienen un factor común. Ausencia de poder político-racional y de reglas claras. Al desaparecer físicamente un amado líder de este tipo, desaparece de un plumazo el poder y buena parte de las reglas. El irrespeto a la ley agrega más candela al fuego y más cuando todas las leyes son reemplazadas por la ley de un hombre que en un momento u otro va a desaparecer. Agrégale el petro-estado disfuncional a la ecuación y tenemos algo muy divertido de analizar (no tanto para vivir).

Y lo que en un país serio con una constitución seria y respetada se solucionaría de manera más o menos limpia; aquí nos tienen hasta los cojones de rumores de golpe, de comandos anti-golpe, de secretismo informativo respecto a la salud del jefe, de pimentones y ajíes dulces. Improvisación al poder, ¡mejo! Con tan buen coroto que se gastan, cuando se pueden saltar un buen número de limitaciones legales (las cadenas son solo un ejemplo más) al gobernar y teniendo poder en medio de una sociedad profundamente polarizada que se odia entre sí, ¡todo es posible! Incluso el caos.

PD: Hola mundo!

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