A fin de cuentas, ¿cual es el legado de Chávez?

por J. O. Guevara


O una oda involuntaria a la desesperanza.

La gran impostura, el gran engaño nacional. Una nueva constitución y ocho estrellas fueron suficientes, más la marea de petrodólares, para hacer creer que algo nuevo de verdad podía surgir del cementerio del socialismo real. La mayor operación de tráfico de esperanzas del siglo XX venezolano, aquel que empezó con una dictadura restauradora y que, a la vista, pareciera haber terminado con otro engendro parecido.

El verdadero legado de los dieciséis años de gobierno chavista ha sido una auténtica lección para aquellos que quieran verla. Cuando criticamos a nuestros representantes, hemos de darnos cuenta que también criticamos a quienes les eligieron.

Es aquel pueblo que tuvo bastantes oportunidades de zafarse de encima la amenaza y no lo hizo; no quiso hacerlo y (en realidad) tuvo razones legítimas para no hacerlo. Amor, Patria, Misiones, Dignidad, Esperanza. Todavía resuenan con fuerza, y son razones suficientes para que el imaginario chavista no vea la represión, la mala administración económica, las muertes y la caída de la democracia liberal.

Y es la oposición, incompetente para colaborar en el proceso de sacarnos de encima a este proceso de dominación total. Aunque claro, bastante daño ha hecho la repetición en el sistema bolivariano de lavado de cerebros (SIBCI) para seguir recordando los malos hechos de la “Cuarta República”, los continuos cambios institucionales para manipular el juego electoral a favor del chavismo. Se podría decir que ante todo el poder de un Estado abusivo han hecho lo mejor que pudieron…

Al final el juego político está trancado y las válvulas de seguridad están tapadas a drede; las pocas salidas institucionales que permitieran revivir de a poco la Constitución fueron bloqueadas por el régimen autoritario competitivo en su afán de bestia herida luchando por sobrevivir. El colapso del sistema económico ahora recibe un espaldarazo por esta caída brutal de los precios petroleros y son muchos, demasiados diría yo, que apuestan a un “peo” o al “colaCso” para que estos hagan lo que un pueblo engañado y unas élites incompetentes no pudieron hacer.

Estos meses se ven lúgubres para la poca institucionalidad que queda, y el chavismo lo sabe. Especialmente cuando no le tembló la mano en 2014 para reprimir, torturar y matar personas, generando conflicto a drede (el accionar de esa peligrosa doctrina de la lucha de clases) para presentarse como victimario y paladín del pueblo.

Este es el verdadero legado. La dominación más perversa de la historia nacional, y una oposición sin fuerza para hacerle frente. Un juego político que adquiere forma de solución envenenada tras cada día que pasa y más poder se acumula.

Es una situación tan poco alentadora y con tan pocas salidas dignas (apartando una resurrección del espíritu del 23 de enero encarnada en la renuncia del Presidente, un gran referendo nacional, o un gobierno de transición competente e inclusivo) que da para considerar que dijo el enano hace bastante tiempo:

“Huid de un país donde un solo hombre posee todos los poderes: Es un país de esclavos”

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