¿Qué hacer?


Unas breves notas luego del guayabo post-electoral.

Aún si la prostituyente fuera una real Asamblea Nacional Constituyente (ANC) debida y regularmente convocada, compuesta e instalada; ningún gobernador debería jurar ante ella. ¿Porqué? Porque la ANC reforma en su totalidad la Constitución Federal; mal podría meterse con las constituciones de cada Estado, y en general con todo lo que no sea contemplado como competencia nacional (separación vertical de poderes o “federalismo”).

 

De hecho, y es lo más grave, que una vez ha sido contemplada dentro de la Constitución (del 347 al 350 CRBV), la ANC está sujeta a sus límites y mal podría desbaratar la arquitectura del Estado establecida en 1999. Su única función es hacer una nueva Constitución; no gobernar, legislar, juzgar, auditar órganos del Estado, o administrar elecciones. La ANC no podría matar a su madre, la CRBV, sin deslegitimarse a ella misma y sin perder su sentido.

 

Hay que recordar que en el Estado liberaldemocrático, en realidad el pueblo no es el soberano en la práctica porque esa soberanía ha sido trasladada a la Constitución, por el hecho de que en una República el gobierno de leyes prima sobre el gobierno de los hombres, y el pueblo ha abdicado el ejercicio de su soberanía en una ley suprema que indica como este poder mediatizado debe usarse y perderse por los representantes electos periódicamente por este mismo pueblo que, recordemos, es la totalidad de todos los ciudadanos con derecho a sufragio. Esto se inventó así hace doscientos años porque hay vainas que no pueden someterse al voto de las mayorías o al puro arbitrio de los hombres como lo son nuestros derechos y libertades públicas y privadas.

 

Y, además, como esa porquería es un bodrio de congreso psuvista disfrazado de asamblea constituyente, no debe plantearse siquiera el pensar dirigirles el saludo; mucho menos jurar o prometerles algo…

 

Como esta tontería de asamblea partisana no tuvo un origen legal, no solamente porque la gran mayoría de la doctrina y la tradición constitucional más reciente (la ANC de 1999) están de acuerdo en que debió haberse convocado por referendo nacional; sino por las bases comiciales que atentan contra el 63 CRBV y la mera noción del Estado liberaldemocrático compuesto de ciudadanos iguales con los mismos derechos y el mismo poder de voto; NADA, absolutamente NADA puede darle legitimidad a algo que nunca la tuvo. Nadie puede revivir a alguien ya fallecido.

 

Pero de allí a suponer que no pase absolutamente nada precisamente por esta ilegalidad es tonto; y allí la palabra clave: ilegalidad. Estos actos existen, la prostituyente existe, hay prostituyentistas sentados en el Palacio Federal Legislativo y es idiota no reconocerlo, pero esa asamblea existe de facto, ilegalmente, y por lo tanto sus miembros, quienes la convocaron, quienes permitieron su convocatoria y quienes avalen sus actos sean cuales sean, son delincuentes y como tal tienen que ser tratados. Reos por usurpar el poder supremo del pueblo soberano de darse una constitución.

 

Quedaría muy mal que nuestros gobernadores electos se conviertan en delincuentes…

 

De todas formas, y el ejemplo de la prostituyente es válido a estos menesteres, el problema es de puro poder coactivo. Las reglas no son respetadas ni hay posibilidad de hacerlas respetar si no hay poder y fuerza detrás de ellas quienes las hagan respetar. El quid del asunto es, ¿cómo hacer que se respeten las más elementales normas constitucionales si prácticamente todos los órganos y personas que deben hacerlas valer no lo hacen? La prostituyente manda, jode y descabeza gente porque no hay nadie quien se lo impida. Igual podemos decir del bigotes y de su cártel-banda organizada de ladrones disfrazada de partido político.

 

¿Será cierto que la caja se cerró y hay que abrirla desde afuera? ¿De que forma?

 

Tremendo dilema. Y más ominosas respuestas que flotan en el ambiente.

 

La esperanza en todo caso no debe perderse. La mayoría no puede (podemos) emigrar; y sería muy injusto que gente con talento, constancia y probidad padezca hasta su mala muerte las consecuencias de la dictadura venezolana. Y en cualquier caso, los votos, no importan que tan numerosos sean, no pueden validar la maldad o la injusticia… Pero la respuesta a este gran mal ya no puede ser la misma. La vía electoral ha sido cerrada; a mi entender y a mi pesar.

 

Que el voto sea útil como herramienta de lucha depende ahora más que nunca de que sus garantías más elementales se respeten. Que los ganadores ganen justamente, que los perdedores pierdan justamente, y que todos asuman su papel y su responsabilidad.